Un ruido

En la cocina de mí casa, hay un armario de cocina, normal, de esos en chaflán, haciendo esquina, que tiene una bisagra, grande, que se abre en más de ciento ochenta grados.

Y llevaba un tiempo, sonando, haciendo un chirrido, molesto al iodo y al sentir, algo que se clava en el pecho como una puñalada trapera y hacia más ruido, cuando menos tenía que hacer, y siempre me digo, le tengo que echar un poco de aceite, y nada que no lo hacía, por olvido, desidia, o simplemente querer torturarme por eso, recordar que lo tengo que hacer, estaba siempre presente.

Hay momentos, que tenemos que hacer, que las cosas no se solucionan solas, que por el espíritu divino no se arreglan. Pues eso, manos a la obra… ha quedado perfecto, que fácil y cuanto tiempo esperando. Ahora cuando abro la puerta del armario me sorprendo, ¿por qué no hace ruido?, mi subconsciente quiere que haga ruido y no lo hace, noto que algo falla.

Cómo nos acostumbramos, hasta de los ruidos molestos. Son nuestras cosas, ruidos, manías, cosas mal puestas, estanterías desordenadas, y tantas y tantas detalles que queremos arreglar, ordenar y que quedan sin hacer. Y qué bien sientan cuando lo haces, hasta las más sencillas como es engrasar una bisagra. No sabía que podría producir esa dicha, no escuchar un ruido que tenía metido en mí ser, que formaba parte de la orquesta de los ruidos de mi cabeza.

Voy a seguir marcándome, una serie de quehaceres o propósitos de orden, de pequeñas tareas, que no puedo dejar de hacer, así me sentiré más realizado, en mi mundo interior, mis piezas irán encajando como un gran puzle.

Qué razón tienen los sabios, cuando dicen que el mundo está compuesto de pequeños detalles, que se escapan a nuestra percepción. Cuando se hacen presentes cuán importantes son.

Me viene a la cabeza: “Cuídame de mis amigos que de mis enemigos me cuido yo”, también sabias palabras, con los enemigos estamos en alerta y no bajamos la guardia, al igual que con las cosas importantes de nuestra vida, sin embargo con los amigos estamos seguros y es cuando mostramos nuestras debilidades o confianzas. Pues, lo mismo pasa con las cosas pequeñas que las vemos y pasamos, no le damos esa importancia, que sí que tienen, no las sabemos valorar.

Fijarse y estar al loro de las cosas insignificantes, que se convierten en ogros que nos devoran.

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