Diario del coronavirus. Décima segunda parte. Del día 65 al 73.

Día 65: Lunes, 18 de mayo, por esas cosas de la vida, y muy a mi pesar, he tenido que visitar al dentista, os voy a explicar el protocolo que han seguido en la clínica: Al entrar, lo primero, me han tomado la temperatura, ha seguido con un cuestionario relacionado con el coronavirus, que si fiebre, que si mal estar, tos y esas cosas o síntomas. Luego me han dado unos guantes, calzas y un gorrito para la cabeza, por supuesto mascarilla, no, por no tener mucho sentido. El dentista, si iba equipado hasta las cejas, normal, el tema no es baladí, y todas las medidas de protección y sanitarias son pocas.

Día 66 y 67: La vida sigue, hay días negros, aciagos, de esos, que es mejor no levantarse, que todo te sale mal, que lo intentas, pero todo queda en eso, que no hay forma, que la vida te tiene reservado el mundo de las tinieblas, en fin, que lo mejor es que pase, pues pasó, y lo mejor es que pasó, sin comentarios…

Están estudiando un protocolo para cuando tengamos que ir a la playa, entre otras medidas, tener que ducharse en casa antes y después de ir, coger cita, entrada y salida distinta a la hora de los accesos, distancia entre toallas, que lo agradezco porque hay gente que eso del  espacio vital, lo llevan fatal, o lo desconocen, vamos, que no se enteran, que se  ponen encima, que tengo que escuchar por pantalones  todas sus conversaciones, que a mí no me interesan, y me hacen sumergirme en su mundo sin quererlo. Gracias Simón, sí ya decía yo, que este hombre me cae bien, tiene una forma de comunicar o de hablar que me seduce, que me convence, y no voy a entrar si lo que dice está más o menos acertado, eso lo dejo para los entendidos. Con su chaquetica y sus pelos, a otro tema…

En fin, un montón de medidas, que seguro que cuando vayamos, habrán cambiado y se nos olvidará alguna. Vamos a tener que ir con el manual de instrucciones para el baño matutino. A mí personalmente me encanta bañarme, el agua del mar me siente bien, me carga las pilas, ¿y si voy solo a  bañarme, sin ocupar espacio en la arena, también debo de pedir cita? Un montón de interrogantes, que se irán revelando según avancemos en el tiempo. Si algo nos ha enseñado esta crisis, es qué, lo que ayer era negro hoy es blanco, y encima están los tonos grises, así que, le daremos su tiempo a todo, que mejor no irá, menos preocupaciones  y calentamientos de cabeza. Normalizar la rutina, difícil, a mi de vez en cuanto se me olvida la mascarilla, y cuando salgo y veo a la gente, me pregunto, ¿me falta algo?, y no me entero, es como que el mundo va a otra velocidad, nos estamos introduciendo en otro tiempo.  Un tiempo, que hace poco nos parecía irreal y que ahora hemos interiorizado, y lo aceptamos, nos da la sensación que es pasajero, que pronto volveremos a la normalidad, o eso queremos creer.

Día 68: Jueves, otro día más o menos, según lo miremos; estaba tumbado en el sofá al medio día y sale un entendido,  de esos que abundan, parece ser que, dermatólogo y suelta que: los calvos tenemos más posibilidades de contraer una dolencia grave pulmonar como consecuencia del coronavirus, que se está observado en las UCIS que predominan los calvos, Jajaja, perdona que me ría, pero no lo puedo remediar. Sí, parece ser que un gen andrógeno, que es el culpable de la calvicie, y también está relacionado con una puerta de entrada del virus en las células pulmonares y causa neumonías graves, estamos bien, si ya de por sí, la calvicie es un problema de imagen y autoestima, ahora lo es también de salud.

Día 69: Ya, se ha generalizado y es obligatorio el uso de mascarillas, y es natural, tenemos que luchar contra el bicho de todas las formas posibles para que no pase de una persona a otra, para romper la cadena de contagio y está es la única forma.

Ayer, por la tarde en la hora de paseo, casi, por no decir todo el mundo llevaba puesta su mascarilla, bien es sabido, que son incomodas, te restan respiración, te cuesta más hablar y que se te entienda, pero es lo que hay, nos guste más o menos tenemos la obligación legal y moral de llevarla, es por los demás, por ser solidarios, y por nosotros mismos.

Ya, vislumbramos una nueva fase, con ilusión, con ganas de poder hacer más cosas, de olvidarnos un poco del virus, pero claro sin bajar la guardia, siempre atentos  y con las precauciones debidas.

A ratos, a veces grandes y otros pequeños, se me olvida la pandemia, la mente vuela, me pongo a hacer planes, y en un momento se me derrumban como un castillo de naipes, la imaginación no para, es una respuesta de liberación contra el Covid, a todas horas hablando, noticias, telediarios, periódicos… es un sin vivir, hasta sueño que cuando estoy soñando, si cumplo con las normas, en fin, pasará…

“La nueva normalidad”, es nueva y cambiante, como la vida misma, seguimos con la nueva normalidad, que cada momento es distinta y difícilmente entendible, cuando ya la hemos interiorizado y aprendido más o menos, viene otra nueva realidad, nos esperan muchas “nuevas realidades”.

Ir al Mercadora, me deprime, ponerme  los guantes y mascarilla, y enfrentarme al enemigo en la guerra de trincheras, me estresa, no me relajo, me predispone a estar en alerta. Hoy no había prácticamente nadie y estábamos a nuestras anchas. Al final, no era tanto como parecía, o me lo había imaginado, entrando con el cuchillo entre los dientes de la boca en plan Rambo.

Día 70 y 71: Seguimos con la polémica del cambio de fase, el porqué unas Comunidades pasan o provincias y otras no, en fin, me imagino que serán por motivos sanitarios, lo que pasa, que la política tiene malos amigos de cama, y ya están las polémicas servidas y los malos rollos entre los dirigentes de unas Comunidades con el Gobierno central, al ser de diferente tendencias políticas y no ser capaces de ponerse de acuerdo para casi nada.

En Andalucía, hemos pasado todas, menos dos provincias y sinceramente, no me he enterado, el porqué, estas no han pasado, en principio cumplían los requisitos, me imagino que habría más cosas que cumplir que se me escapan. ¿Complicado? Sí, da la sensación que nadie está conforme, que todas las provincias quieren pasar de fase y volver a la normalidad, y lo entiendo por los negocios, que viven muchas familias y se están jugando mucho, que llevan meses sin ingresos y con gastos. La cifras están bien para los entendidos, pero, detrás están las personas con sus familias, el pago de la luz, el agua, el alquiler y muchos gastos que se van a cumulando mes a mes.

Día 72 y 73: Ya podemos ir a la playa a bañarnos, qué alegría más grande, lo digo, porque se ha metido un calor de aúpa y eso de darte un remojón sienta bien, te baja el calor corporal, te hace volver un poco a la realidad de los días de verano y cómo que la vida sigue, después de haber estado parada como consecuencia del coronavirus,  íbamos posponiendo y dejábamos  los temas aparcados, las cosas por hacer  para mejor tiempo, ahora ya es el momento de empezar a hacer cosas, de ponernos las pilas, de organizar y  que la vida sigue…

Esta mañana he salido con la bici, era, cómo que las fuerzas me habían abandonado, no tenía energía, mi cabeza enviaba señal de fuerza a las piernas y estas no respondían, no formaban parte de mí, era, un ser diferente, no hacía caso a mis instrucciones, he intentado seguir el ritmo, y nada, que no podía, que me  iba quedando rezagado, me daba por vencido, antes de empezar, en fin, la vida. Hay días y días, y éste era de esos que ya de antemano estaba destinado al sufrimiento, bueno, entre comillas, ¿sufrimiento en bici?, y yo no soy muy de sufrir, para mí la bici es un placer, de sentirme vivo, y formar parte de un ente andante, de respirar y sentir el aire en mi cuerpo, ¿sufrimiento gratuito?, para nada. Tiempos mejores vendrán…

 

Diario del coronavirus. Décima primera parte. Del día 58 al 64.

Día 58: Primer día de la fase 1, en Almería y como es normal, se empiezan a ver clientes en las terrazas de los bares, pocos todavía, pero normal, y también escenas feas de personas amontonadas en las terrazas, sin ningún escrúpulo, que no saben el sufrimiento que está causando la pandemia, y que si lo saben lo ignoran, de  irresponsabilidad, de incívicos y de no estar a la altura de la circunstancias, que llevamos mucho pasado, pero esto no es el final, solo es un paso más en normalizar  nuestra vida, y por ellos, es posible que esto se alargue más de lo debido, no piensan en el sufrimiento de esas víctimas y de sus familiares, ni en esos sanitarios trabajando hasta la extenuación, ni en nosotros, solo en ellos, es esa clase de egoísmo que no te deja ver la realidad, que solo quieres ver tu realidad, volver a ser los de antes, y ya no somos los mismos, no podemos hacer las mismas cosas, que  esto ha cambiado, y no se quieren enterar.

Escuchando a un virólogo, decía que, el Sars-CoV1, el virus anterior a éste que también es coronavirus, su fase de  mayor contagio entre personas, por tener una gran carga viral, es de dos o tres días después de desarrollar la enfermedad. En cambio el Sars-CoV2, el virus del Covid-19, su mayor potencial de contagio es, dos o tres días antes de desarrollar la enfermedad, antes de tener síntomas, qué quiere esto decir, que no sabemos que estamos contagiado, enfermo, y estamos infectando a todo el mundo, qué mal bicho es, por favor, seamos consecuentes, distanciamiento social, lavarnos mucho las manos y mascarilla cuando acudamos a sitios cerrados con gente, es la única medida para ir cortando está pandemia, es lo que debemos de hacer por los demás y por nosotros mismos.

Día 59: ¿Quién son los rastreadores de coronavirus? Son los detectives de la pandemia, se encargan de saber dónde un paciente se pudo contagiar. Investigan todo el entorno del enfermo. Son los rastreadores del contagio, como he mencionado, primero, ¿dónde y de qué forma pudo contagiarse? y segundo, ¿a quién pudo contagiar?, investigando a todo el entorno del contagiado, familiares, amigos, centros de trabajo y todo lo que pueda contribuir a seguir el rastro del virus. Analizan cada paciente positivo y toda la evolución posterior, monitorizan cifras, hacen estadísticas, seguimientos de los contagiados y de los asintomáticos positivos para ver el mapa posterior del desarrollo de la pandemia, de forma pro-activa, para poder anticiparse a la evolución y poner los medios necesarios.

Los reencuentros en la primera fase, las visitas de familiares y amigos, una alegría, a mí personalmente me ha afectado poco, al respecto, la familia fuera y me paso tiempo sin verlos, que  los echo de menos, sí, pero ya está… y a los amigos, a algunos los tengo en el trabajo y he seguido trabajando y viéndolos, así que, nada los reencuentros en la primera fase se han quedado en eso,  en reencuentros de felicidad, sin besos y abrazos, que los dejaremos para  una segunda, tercera o cuarta fase…

Día 60: Miércoles, 13 de mayo, de vez en cuando pongo la fecha para saber por qué día me muevo,  pierdo la noción del tiempo; el coronavirus, nos ha hecho perder la perspectivas de las cosas ordinarias que nos pasaban en el día a día, lo ha superado todo. Las cosas que antes nos ocurrían, han pasado a un segundo lugar o han perdido esa importancia que le dábamos. ¿Bueno o malo?, parece que bueno, las cosas poco importantes, intrascendentes, que antes era montañas inalcanzables por escalar, ahora ni siquiera nos planteamos su importancia y eso es bueno. Relativizar y vivir más en el presente, en lo importante, en definitiva, en la vida y no en las tonterías.

La vida es felicidad y sufrimiento, ambas forman parte de la misma moneda, la felicidad es eso que buscamos y que rara vez encontramos, y el sufrimiento es lo que no buscamos y encontramos, por eso, dedícate a ser feliz, que el sufrimiento y los malos ratos vienen solos. Al final, la vida nos enseña a valorar esos pequeños momentos de felicidad a saborearlos y a disfrutarlos, porque puede que no haya un mañana, solo se nos muestra éste presente y, a veces, no nos gusta y pensamos en el mañana, sin saber que el mañana está por escribir.

La esperanza es lo que nos mueve, a querer ver un mañana mejor, que sí, tenemos que tener  esperanza, que yo no quiero ser fatalista, pero nos queda mucho por mejorar como personas y camino por recorrer en la búsqueda de una identidad como humanidad.

Día 61: Primera ronda del estudio nacional de seroprevalencia del coronavirus en España, se realizan pruebas a 60.000 personas, sobre 30.000 familias,  que suponen  un muestreo por todo el territorio, imitando a una España en pequeñito, para hacernos una idea de la incidencia de la pandemia, dando un resultado del 5 por ciento de personas que han desarrollado anticuerpos, y por lo tanto que  están inmunizados; pocos, o muy pocos, para lo que se pensaba, estas son las cifras, y mejor así, porque si no, la incidencia hubiera sido peor.

Las consecuencias, que solo han estado infectados 2,3 millones de personas y esto, descarta la inmunidad de grupo o rebaño, que se necesitaría cifras superiores al 60 por ciento de la población, que quiere decir, que debemos de seguir tomando todas las medidas higiénico sanitarias necesarias y cumplirlas a raja tabla, que el bicho está al acecho.

¡Qué peligro tiene¡ Todavía nos queda mucho por pasar, nos creíamos que ya habíamos pasado lo peor, y ahora nos queda mucho camino que recorrer en el tiempo, con mascarillas, distanciamiento social, lavados de manos, evitar aglomeraciones y lugares concurridos y aplicar el sentido común siempre es la mejor receta.

¡No podemos bajar la guardia ¡ ¡Qué Dios nos pille confesados¡ La gente se piensa, perdón, algunos pocos piensan, que ya podemos hacer lo que nos dé la gana, que equivocados están, la realidad y las cifras nos demuestran lo contrario.

Por favor, vamos a seguir como hasta ahora, y a tomarnos esto en serio, y a seguir las recomendaciones, que nos jugamos mucho y en la vida  no hay segundas oportunidades. 

Día 62 y 63: Dos días de trabajo y pierdo un poco la perspectiva de la pandemia, no veo la tele, ni escucho la radio, leo un poco el periódico a medio día, titulares y algún artículo de opinión, pero no quiero hacer leña del árbol caído y procuro no leer cosas relacionado con cifras y noticias negativas, solo cosas que me suba un poco la moral y me hagan el rato mas pasajero, que de las malas me entero sin querer,  que vienen solas.

Día 64: Domingo, 17 de mayo, escribiendo la fecha me doy cuenta como han pasado todos estos días; al principio muy despacio, mejor, no pasaban, eran eternos, ahora, se puede decir que pasan como siempre, volando, sin enterarme, como que  nos acostumbramos a todo, a lo bueno y lo malo, que capacidad tenemos de adaptarnos a las circunstancias. De alguna forma, no me quiero adaptar a lo malo, quiero, como todos que esto pase de una vez y empezar a hacer vida normal. Pero sé, también qué, esto va para largo, la  fecha es incierta y tenemos que acostumbrarnos a vivir así y, seguir viviendo, volver a ilusionarnos y saber que, no hay mal que cien años dure. Que todo pasa y volveremos a ser los de antes, que quiero ser optimista y ver el futuro con los ojos de color azul, el color del cielo y tener ganas de bañarme en ese mar azul y andar por la playa y que las olas me rompan en los pies y el sol me abrase.

Mañana más y mejor…eso esperamos y deseamos…

 

 

 

Diario del coronavirus. Décima parte. Del día 51 al 57.

Día 51: Hoy, he salido con la bici, después de la cuarentena, mejor dicho, cincuentena, me he despertado a las seis y diez, y me he levantado a  la y media, era de noche, pero ya se vislumbraba el sol, estaba nervioso. A las siete ya en la calle, amaneciendo, con ganas de darle a los pedales. Calles desiertas y una temperatura más que agradable, sobre ventidos grados, se notaba un poco el frescor de la mañana.

Cuando empiezo a darle a los pedales, e intentaba guardar el equilibrio, se me movía la bici, era una sensación rara de inestabilidad, al poco, ya era como siempre, tenía tantas ganas que al principio se me ha disparado las pulsaciones. Sabía que tenía que controlar la frecuencia cardíaca, que no subieran. Cuando iba andando, me iban llorando los ojos, y no era de la emoción, era de madrugada, y no llevaba las gafas, se veía a lo lejos un resplandor rojizo del amanecer, precioso, y ya cuando el sol se empezó a poner amarillo, me puse las gafas, al principio, veía regular por el contraste de la claridad, a los segundos se me acostumbró la vista y deje de llorar. Cualquiera que me viera diría: ¿De qué llora éste? Jajaja… de emoción.

Mi propósito, era dar un paseo, y llegar  hasta donde las fuerzas me acompañaran, al principio, no había ni ciclistas, ni coches, poco a poco, he empezado a  ver algún que otro ciclistas y al final, ya sí había alguno más, pero bien, muy controlado todo, en solitario, y como  la carretera es larga cabemos todos sin molestarnos y respetando las medidas de distanciamiento social.

Como he visto, que me encontraba bien y con fuerzas, y podíamos salir dentro del municipio, que mejor, que ir a Cabo de Gata, uno, o mi sitio preferido, que alegría que me ha dado, una sensación de bienestar se iba apoderando de mi según iba avanzando por la carretera, era yo con la bici, el sol, el aire, mis sensaciones, un aroma a campo, a romero, a lavanda, a hierbas silvestres, que me contagiaban el espíritu de la primavera. Era, que en vez de ir agotándose las fuerzas, las iba cargando cada vez más, creo que en alguna reencarnación tuve que ser un árbol, porque me alimenta más el sol que la comida y lo considero muy importante en mi vida.

Cuando he llegado a Cabo Gata, me he parado en la fuente para recargar agua y comerme una pera que me había llevado, según las normas, no se puede uno parar, si no es por un motivo justificado, yo allí tranquilamente mirando al mar, y un coche de la Guardia Civil que asoma justo donde yo estoy, ni corto ni perezoso me subo a la bici y empiezo a comerme la pera andando despacio y dando una vuelta por el paseo marítimo. La Guardia Civil, no me hace ni caso, ni me mira, sigue su ruta y sus quehaceres, se mete por los caminos de la playa. Cuando veo que se van me vuelvo a parar a tomarme mi pera, que me va a sentar mal. Que habré tardado cinco minutos como mucho, pero me apetecía, disfrutar de su sabor, parado. He dicho.

Vuelvo tranquilo y disfrutando del recorrido, ahora si me voy cruzando con más ciclistas, de uno a uno y bien. Que puedo decir, que ha sido una salida que me apetecía mucho y las cosas tan simples, las disfrutamos más cuando las echamos en falta y más cuando es por obligación o impuestas por la cuarentena.

Día 52: Segundo día de la fase 0, que lío, ayer, ya pudieron abrir negocios minoristas a demanda de clientes, con cita previa. ¿Complicado? Han triunfado las peluquerías y los centros de estética, pero con unas medidas higiénico-sanitarias acordes a los tiempos del coronavirus, batas, guantes, mascarillas  y más y más. Esta demanda tan grande es normal, la gente está un poco abandonada y necesita por lo menos verse guapa.

Los negocios de restauración que podían abrir para preparar comida para llevar o ser recogida en el mismo local solo han abierto, un tres por ciento, y lo entiendo, es difícil abrir en esas condiciones, los gastos son muchos y no compensa.

En el pequeño negocio minorista, han abierto uno de cada cinco, ¿cómo llamo a la ferretería para quedar para comprar una bombilla? Vente dentro de un rato, o a las 12, o pásate ahora…

Más que por otra cosa, por poner el negocio a funcionar, a calentar, sentirse útil, empezar a trabajar, estar preparado para cuando haya que ponerse en serio.

Al medio día me encanta ver en la tele al Arguiñano, ya no tanto por el programa de cocina, que sí, pero sobre todo por verlo a él, no para de hablar, de contar chismes, y chistes malos, que a pesar de todo, hacen reír por eso, por lo malos que son. Es como los cuenta y como se parte de risa cuando termina .También me encanta su cocina, sencilla, de ingredientes corrientes, de los que podemos encontrar en cualquier supermercado. Sus recetas son fáciles de preparar, sube la moral y te hace olvidarte un poco el tema, es una bocanada de oxigeno en tiempos de coronavirus.

Día 53: Miércoles, 6 de mayo, he vuelto a salir con la bici, y no quería hablar hoy de esto por no ponerme muy pesado, pero al final, vuelve el burro al trigo, y lo digo, porque al salir y cuando llevaba un kilómetro o así, notaba muy fresquita la cabeza, como muy ventilada, y he pensado que frescor más agradable, con el frío dan más ganas de darle a los pedales, me notaba raro, pero no sabía lo que era, cuando me doy cuenta no llevaba el casco.  Vuelta a empezar. No recuerdo la última vez que lo deje olvidado, es como un ritual que, aunque parezca mentira tenemos que llevar muchas cosas en la bici, por si pinchamos, por si se nos rompe algo; un día repasaré todo lo que llevamos, hoy no, que si no me alargo mucho y, hoy hemos venido a hablar de mi libro.

Hoy, se prorroga otros 15 días el estado de alarma, con la desescalada correspondiente según nos vaya tocando, iremos día a día, aquí no hay quien viva, ni quien se aclare, en fin, ya veremos el lunes 11, que nos toca y hasta donde podemos salir o seguiremos como hasta ahora. Secuestrados y con nuestra libertad de movimientos coartada por un virus y un gobierno que no encuentra otra manera mejor de cortar los contagios. Que sí, que lo entiendo, que es necesario, que es la única forma para que seamos buenos, y si no tenemos la espada de Damocles encima de nuestra cabezas, malo. Pero ya toca, empezar a salir y a comportarnos como ciudadanos responsables, que cumplimos lo que tenemos que hacer. ¡Por favor¡ ¡Quiero mi libertad¡

Día 54 y 55: Por fin, parece que pasamos a la fase 1, que no es poco, podemos salir y juntarnos en grupo de hasta diez personas y abren los bares, las terrazas al 50 por ciento de su capacidad, que alegría, que ganas tengo ya de sentarme al solecito en una terraza con mi cervecita bien fresca, como me gusta, y  que hacemos si me han hecho así.

 Se mantiene las franjas horarias para la práctica de deporte, ¿qué no lo entiendo?, ¿no es mejor una salida escalonada y no encasillarnos en grupos? Bueno, todo que sea por un bien mayor, y son ellos quien toman las decisiones y disponen de más información, lo digo como persona corriente y mortal, es una opinión.

 Ya ha llegado el momento de empezar a salir y no depender de cuando ellos te lo digan que somos mayorcitos y hemos demostrado que lo hemos hecho bien, sé que ahora quieren pecar de prudentes y de no desandar el camino andado. ¿Cansado? Sí, ya tocaba por lo menos que nos dejaran salir  a practicar nuestro deporte, con el tiempo necesario y no tener que ir pendiente de llegar tarde, que yo soy muy obediente y no puedo llegar ni un minuto tarde. Que me pongo nervioso, me salen arrugas y se me va a caer el poco pelo que me queda.

Día 56: Hoy, sábado 9 de mayo, he salido, yo solo a hacer las palmas, la gente se ha cansado, ya de salir y han dejado de poner la música. De alguna forma me da tristeza, la verdad que no se por qué, pero así es, me había acostumbrado a esa rutina, a ir saludando a los vecinos, algunos llevaran ahí muchos años y habían pasado totalmente desapercibido en mi día a día. Ha tenido que pasar esta crisis para darme cuenta que vivían allí, ahora cuando los vea los saludaré y les preguntaré cosas, ¿de cómo le va la vida  y cosas de vecinos?

  Nuevos tiempos, tiempos modernos. Es el título de una canción de Ilegales, del año 1983, como se nos queda grabado a fuego, algunas canciones y momentos de nuestra vida, que los revivimos con una intensidad, ese viaje en el tiempo del recuerdo, del ayer, de un pasado lejano y presente a la vez, que se nos muestra con una lucidez, que hasta nosotros mismos no somos conscientes de ese paso del tiempo. En algún momento creo, en los pasillos del tiempo que nos comunican con otra realidad, cómo el tiempo se comprime y se alarga en función de los sentimientos. Cuando ponemos el alma en algo, las letras se escriben con la  tinta  imborrable de los recuerdos.

Día 57: La verdad que no se si quiero terminar de escribir el diario, es un dialogo conmigo mismo y parece que lo necesito, yo más que él a mí. ¿Me han preguntado alguna vez, qué cuando voy a terminar de escribirlo? Sinceramente, no lo sé, el diario se escribe solo, ya tiene vida propia, es autónomo, y no seré yo el que decida. Cuando no tenga nada que contar con respecto al coronavirus, seguro que me lo dice…

Esta noche oía los golpes del viento contra la persiana de mi  dormitorio y me decía, qué mal rollo…

Me he levantado, sin ganas de salir en  el tiempo de deporte que me correspondía, el viento, me ha quitado las ganas. Que pueda salir, no quiere decir que tenga que salir, que no es una obligación, es como que pierdo un poco más de mi libertad, ya hasta la tarde noche no puedo volver a salir a que me acaricie un poco el aire y estirar las piernas, de todas formas no sé si saldré. El solecito dependiendo de cómo este el viento lo tomaré en mi terraza, que se ha convertido en la terraza bar de mi casa. Cada día me gusta más mi casa. Miraremos el lado positivo…

 

 

 

Diario del coronavirus. Novena parte. Del día 44 al 50.

Día 44: Lunes 27, ayer por fin, pudieron salir los niños a la calle a jugar, entre comillas, se vieron calles con gente, padres, niños, bicicletas, patinetes y hasta partidos de fútbol. El día según en qué ciudades, caótico, sobre todo en las grandes, dónde el espacio es menor, lo entiendo.

En Almería, también se vieron algunas aglomeraciones en el Paseo Marítimo, mandaron fotos, que corrieron  por las redes a todo velocidad, solo se ven los irresponsables, pero la gran mayoría lo hicieron bien, llevaban a sus hijos controlados o de la mano, guardando las distancias. En fin ¿Complicado?

El hashtag, #, o etiqueta en español de mayor tendencia en twitter ayer fue: #irresponsables y, entiendo que la gente este indignada, por esos malos padres, son pocos o muy pocos. La mayoría de padres son responsables de sus hijos y lo están haciendo bien, ¡por favor¡

Ayer fue un día difícil, los niños estaban deseando salir a jugar a la calle y los padres al cruzarse con los padres de otros niños, se pondrían a hablar y lo que pasa, se despistarían, lo niños jugarían con sus amigos, como es normal, el bicho se había olvidado, es la realidad, somos seres sociables. Me imagino que  a lo largo de la semana el tema se vaya relajando y se empiece a cumplir el distanciamiento social y los niños jueguen en su espacio.

Día 45: Voy perdiendo la noción de los días de encierro, no sé en qué día vivo, lo único qué se, es el día de la semana, martes, ni el número, ni el día de encierro. Cuando lo mire lo pondré en el diario.

Tengo un calendario en la pared de mi pequeño despacho o lugar de entretenimiento o asueto, últimamente paso mucho tiempo ahí. Puse una línea roja durante los primeros días de confinamiento y el número anotado debajo en rotulador negro y así he seguido, para no olvidarme de esta situación extraordinaria, anómala o más bien rara, la verdad, que me cuesta definirla, cuando pase le pondré nombre.

Y así, me voy entreteniendo, al principio iba haciendo listas de todo, de comidas, de peso, de salidas, de lo que iba haciendo el día a día,  cómo todo era raro, confinado sin salir de casa, algo extraño, ahora voy abandonando algunas, por no decir la mayoría, se me ha ido pasando la fiebre, entiendo que al principio era natural, día tal y cual de encierro, ahora ha empezado la cuenta atrás del desconfinamiento o desescalada, que vaya paliza que nos están dando con la palabrita, a mi me sigue sonando rara, será posiblemente la palabra del año, perdón, por no decir, coronavirus o pandemia, que estás seguro que sí ganan y por mayoría, la palabra del año lo va a tener complicado.

Cada Comunidad Autónoma ha propuesta su forma de ir saliendo del encierro, adaptada a su idiosincrasia como región, país, nación, provincia o lo que cada una quiera ser, que a mí, ya ves. Dependiendo de muchos factores, primero y más importante por la afectación de la epidemia y segundo por todas las particularidades y especialidades que ellas quieran tener o que tienen por esa particularidad especial que dicen tener. Las islas lo entiendo, otras por querer ser diferentes, que  también lo entiendo, aunque no lo comporto, libre, libre, quiero ser…

Ayer, comentaba y me salió del alma, que la rutina de todos los días, de hacer lo mismo me producía hastío o cansancio mental, fue una frase no premeditada, que quería salir y la expulse directamente desde mi subconsciente, el no tener perspectivas de hacer cosas diferentes, el levantarme todos los días sabiendo que voy a hacer lo mismo que ayer y que mañana, me presupone un esfuerzo añadido. La vida es, ese algo de misterio, de aventura, de cambio, de no saber lo que me va a pasar, de intriga, de….eso quisiera saber yo. Por las mañana si tengo fuerzas, energía y ganas de hacer cosas y ya, por la tarde, soy como el conejo de duracell que se me agotan y entro en  reserva y voy teniendo ganas de acostarme para recargarme. No es un cansancio físico, más bien mental.

Día 46: En la forma de ir saliendo del desconfinamiento, en la última fase, utilizan, la frase: “la nueva realidad”. Cuando quieren decir volver a la realidad, pero no a la de antes, sino a la de ahora, la realidad post coronavirus.

¿Qué es la nueva realidad? Será nueva al ser diferente, que no se parecerá a la de antes. Pero que será lo más parecido a lo que podremos disfrutar en un tiempo.

Nos hace ilusión, salir a dar un paseo, será como una pequeña excursión a ese mundo desconocido, a explorar tierras ignotas. ¿Nos dará miedo salir? Seguro que sí, o por lo menos un poco, estamos acostumbrados a estar en casa, que es donde nos sentimos seguros, es nuestro territorio.

Nuevos tiempos, tiempos modernos, una nueva realidad adaptada. Los que somos ciudadanos de a pie, que no tenemos negocios relacionados con la hostelería, ni dependemos del trato con clientes, que aparte de vivir el confinamiento, la enfermedad y esta situación rara, su medio de vida de estos negocios está sufriendo una crisis existencial, de no saber, si van a poder abrir, si cuando abran, la gente llenará sus negocios en un treinta por ciento, si eso le dará para comer, si mi contrato seguirá en las mismas condiciones o me echaran a la calle, en fin, un montón de dudas, que determinaran, si van a poder seguir viviendo. Ya sé, que no como hasta ahora, pero por lo menos, para ir tirando y comiendo que no es poco.

Día 47: En mi trabajo, la mayoría de compañeros llevan las mascarillas, por no decir todos, bueno siempre hay excepciones como en botica, por lo menos en los espacios que podemos coincidir con gente.

En un momento, me quedé  mirando un pasillo largo que tenía enfrente y me puse a observar, sin querer, no era yo, era mi pensamiento, a los compañeros que pasaban con mascarilla, empecé a contarlos y a ver los que reconocía, de los tres primeros, conocí a dos, uno era un extraño para mí.

Conocemos a la gente, por su forma de andar, por como mueve los brazos, por su silueta, por su cuerpo en comparación con el todo, y  por muchos más aspectos que la propia cara, incluso por la forma de la cabeza. Nos creemos que la cara es importante para reconocer a las personas, sí, seguro que es la parte más importante, pero cuando está falla, nuestra mente se busca otra forma de reconocer. También nos fijamos más en los ojos, los miramos más fijamente, parece que nos queremos comer a la otra persona para que nos entienda mejor. Quizás al que no conocí, es que verdaderamente no lo conozco, llevará o no mascarilla. O porque lo he tratado poco y no sé cómo se mueve, puede ser. Seguiré investigando, el tema del reconocimiento con mascarillas, me llama la atención. Con lo importante que es la cara en la relaciones sociales y como dice, el dicho, “la cara es el espejo del alma”, ahora los desalmado los van a tener más fácil para pasar desapercibidos. “No habrá paz para los desalmados” o como la peli: “No habrá paz para los malvados”.

Día 48: Ya estoy empezando a ver mascarillas de diseño, con logos y marcas, colores, estampados y de todas las forma habida  y por haber. Durante un tiempo y espero que sea corto, nos tendremos que acostumbrar a ir y reconocer a los amigos y a la gente con mascarilla, es lo que hay, perderemos un poco nuestra personalidad, parecemos malos, como los hermanos Malasombra, que malos eran de verdad.

Empezaremos a ver modas y tendencias de mascarillas. No sé si de broma o en serio, se verán triquinis, que son bikinis con mascarilla haciendo juego. Lo que hoy, nos resulta extraño, dentro de unos meses, será algo de lo más normal y todos querremos llevar mascarilla a juego con nuestra camiseta, con eslogan de protesta o emulando a nuestros héroes y deportistas. En fin, la moda se tendrá que reinventar e intentar sacar tajado del melón, que bastante fastidiado lo tienen.

Me estoy acordando ahora, hace unos días en un supermercado reconocí a un amigo por la voz, por supuesto los dos llevábamos mascarillas, él estaba en tres cajas por lo menos de distancia, fue él quien sí me reconoció a mí.  Yo si no hubiera sido por la voz, no lo hubiera reconocido. ¡Qué cosas¡ La voz es importante, en el reconocimiento de personas, la voz dice mucho y ahora donde se nos ve menos la cara, tiene su aquel.

Día 49: Sábado y primer día que podemos salir a  pasear o hacer algo de deporte. Me he levantado a las 7,00 y lo primero que he hecho, ha sido asomarme a la terraza para mirar, si venía algún ciclista, negativo, la calle desierta, nadie, por no decir, ni coches, que ya es raro. Al rato me he vuelto a asomar, y he visto algún corredor, pero sigo sin ver ciclistas, ya a  la tercera y después de pasarme un rato en la terraza, he empezado a ver ciclistas, menos mal, pensaba que me había equivocado de día.

Yo, he salido a dar un paseo tranquilamente, a respirar, a que me diera un poco el sol de primavera, a relajarme, lo necesitaba, me ha sentado genial; he salido por mi barrio y había gente, pero poca, nada de agobio, bien. Cuando me cruzaba con alguien, me cambiaba de acera o me alejaba lo suficiente para guardar la distancia social, incluso iba andando por la carretera. Ha sido un día distinto.

 El lunes y dependiendo de las ganas que tenga, tengo idea de salir con la bici, ganas sí, pero me lo quiero tomar con tranquilidad, un paseo de una hora, algo para disfrutar, sentir el aire, la sensación de  libertad y de andar, de hacer kilómetros.

Día 50: Domingo, 3 de mayo, y van pasando los días, es increíble  lo que nos está ocurriendo, si alguien nos lo hubiera dicho, no, nos lo creeríamos, pero sí, es real, estamos confinados y terminando de pasar un periodo de incertidumbre, ahora ya podemos salir a dar un paseo, en unas horas determinadas, van cerrando calles y nos dicen cuando podemos salir, la hora y de qué forma, increíble, pero cierto.

Pienso, que nos creemos que ya hemos pasado lo peor y que ahora viene, un tiempo mejor, depende de los ojos con que miremos esa realidad. Económicamente, va a ser un palo y de los gordos, en todos los niveles.

 Vamos a vivir ese tiempo de cambio, de no saber cómo comportarnos, de ser diferentes, de adaptarnos a estos tiempos raros, de tener un futuro incierto, de querer vivir, o simplemente de expresar esta realidad, de ser nosotros, de no escondernos, de reconocer a los demás con son, solo ver a otro ser humano, de vernos a nosotros mismos reflejados en el otro, ese que pasea enfrente nuestra, que puede ser vuestro vecino, nuestro camarero, nuestro amigo, un ser humano con todos sus atributos, que  lo tenemos cerca, que vive, que siente, que sufre, que es feliz, que también es vulnerable, todos nos hemos enfrentado a este virus con las mismas armas y lo vamos a derrotar. La batalla, ya la estamos ganando, se nos nota en la cara, en nuestra forma de hablar, de comportarnos, en definitiva, ya somos personas diferentes, con ganas de vivir y de disfrutar de nuestra nueva vida, de hablar, de pasear, de salir …