Diario del coronavirus. Décima parte. Del día 51 al 57.

Día 51: Hoy, he salido con la bici, después de la cuarentena, mejor dicho, cincuentena, me he despertado a las seis y diez, y me he levantado a  la y media, era de noche, pero ya se vislumbraba el sol, estaba nervioso. A las siete ya en la calle, amaneciendo, con ganas de darle a los pedales. Calles desiertas y una temperatura más que agradable, sobre ventidos grados, se notaba un poco el frescor de la mañana.

Cuando empiezo a darle a los pedales, e intentaba guardar el equilibrio, se me movía la bici, era una sensación rara de inestabilidad, al poco, ya era como siempre, tenía tantas ganas que al principio se me ha disparado las pulsaciones. Sabía que tenía que controlar la frecuencia cardíaca, que no subieran. Cuando iba andando, me iban llorando los ojos, y no era de la emoción, era de madrugada, y no llevaba las gafas, se veía a lo lejos un resplandor rojizo del amanecer, precioso, y ya cuando el sol se empezó a poner amarillo, me puse las gafas, al principio, veía regular por el contraste de la claridad, a los segundos se me acostumbró la vista y deje de llorar. Cualquiera que me viera diría: ¿De qué llora éste? Jajaja… de emoción.

Mi propósito, era dar un paseo, y llegar  hasta donde las fuerzas me acompañaran, al principio, no había ni ciclistas, ni coches, poco a poco, he empezado a  ver algún que otro ciclistas y al final, ya sí había alguno más, pero bien, muy controlado todo, en solitario, y como  la carretera es larga cabemos todos sin molestarnos y respetando las medidas de distanciamiento social.

Como he visto, que me encontraba bien y con fuerzas, y podíamos salir dentro del municipio, que mejor, que ir a Cabo de Gata, uno, o mi sitio preferido, que alegría que me ha dado, una sensación de bienestar se iba apoderando de mi según iba avanzando por la carretera, era yo con la bici, el sol, el aire, mis sensaciones, un aroma a campo, a romero, a lavanda, a hierbas silvestres, que me contagiaban el espíritu de la primavera. Era, que en vez de ir agotándose las fuerzas, las iba cargando cada vez más, creo que en alguna reencarnación tuve que ser un árbol, porque me alimenta más el sol que la comida y lo considero muy importante en mi vida.

Cuando he llegado a Cabo Gata, me he parado en la fuente para recargar agua y comerme una pera que me había llevado, según las normas, no se puede uno parar, si no es por un motivo justificado, yo allí tranquilamente mirando al mar, y un coche de la Guardia Civil que asoma justo donde yo estoy, ni corto ni perezoso me subo a la bici y empiezo a comerme la pera andando despacio y dando una vuelta por el paseo marítimo. La Guardia Civil, no me hace ni caso, ni me mira, sigue su ruta y sus quehaceres, se mete por los caminos de la playa. Cuando veo que se van me vuelvo a parar a tomarme mi pera, que me va a sentar mal. Que habré tardado cinco minutos como mucho, pero me apetecía, disfrutar de su sabor, parado. He dicho.

Vuelvo tranquilo y disfrutando del recorrido, ahora si me voy cruzando con más ciclistas, de uno a uno y bien. Que puedo decir, que ha sido una salida que me apetecía mucho y las cosas tan simples, las disfrutamos más cuando las echamos en falta y más cuando es por obligación o impuestas por la cuarentena.

Día 52: Segundo día de la fase 0, que lío, ayer, ya pudieron abrir negocios minoristas a demanda de clientes, con cita previa. ¿Complicado? Han triunfado las peluquerías y los centros de estética, pero con unas medidas higiénico-sanitarias acordes a los tiempos del coronavirus, batas, guantes, mascarillas  y más y más. Esta demanda tan grande es normal, la gente está un poco abandonada y necesita por lo menos verse guapa.

Los negocios de restauración que podían abrir para preparar comida para llevar o ser recogida en el mismo local solo han abierto, un tres por ciento, y lo entiendo, es difícil abrir en esas condiciones, los gastos son muchos y no compensa.

En el pequeño negocio minorista, han abierto uno de cada cinco, ¿cómo llamo a la ferretería para quedar para comprar una bombilla? Vente dentro de un rato, o a las 12, o pásate ahora…

Más que por otra cosa, por poner el negocio a funcionar, a calentar, sentirse útil, empezar a trabajar, estar preparado para cuando haya que ponerse en serio.

Al medio día me encanta ver en la tele al Arguiñano, ya no tanto por el programa de cocina, que sí, pero sobre todo por verlo a él, no para de hablar, de contar chismes, y chistes malos, que a pesar de todo, hacen reír por eso, por lo malos que son. Es como los cuenta y como se parte de risa cuando termina .También me encanta su cocina, sencilla, de ingredientes corrientes, de los que podemos encontrar en cualquier supermercado. Sus recetas son fáciles de preparar, sube la moral y te hace olvidarte un poco el tema, es una bocanada de oxigeno en tiempos de coronavirus.

Día 53: Miércoles, 6 de mayo, he vuelto a salir con la bici, y no quería hablar hoy de esto por no ponerme muy pesado, pero al final, vuelve el burro al trigo, y lo digo, porque al salir y cuando llevaba un kilómetro o así, notaba muy fresquita la cabeza, como muy ventilada, y he pensado que frescor más agradable, con el frío dan más ganas de darle a los pedales, me notaba raro, pero no sabía lo que era, cuando me doy cuenta no llevaba el casco.  Vuelta a empezar. No recuerdo la última vez que lo deje olvidado, es como un ritual que, aunque parezca mentira tenemos que llevar muchas cosas en la bici, por si pinchamos, por si se nos rompe algo; un día repasaré todo lo que llevamos, hoy no, que si no me alargo mucho y, hoy hemos venido a hablar de mi libro.

Hoy, se prorroga otros 15 días el estado de alarma, con la desescalada correspondiente según nos vaya tocando, iremos día a día, aquí no hay quien viva, ni quien se aclare, en fin, ya veremos el lunes 11, que nos toca y hasta donde podemos salir o seguiremos como hasta ahora. Secuestrados y con nuestra libertad de movimientos coartada por un virus y un gobierno que no encuentra otra manera mejor de cortar los contagios. Que sí, que lo entiendo, que es necesario, que es la única forma para que seamos buenos, y si no tenemos la espada de Damocles encima de nuestra cabezas, malo. Pero ya toca, empezar a salir y a comportarnos como ciudadanos responsables, que cumplimos lo que tenemos que hacer. ¡Por favor¡ ¡Quiero mi libertad¡

Día 54 y 55: Por fin, parece que pasamos a la fase 1, que no es poco, podemos salir y juntarnos en grupo de hasta diez personas y abren los bares, las terrazas al 50 por ciento de su capacidad, que alegría, que ganas tengo ya de sentarme al solecito en una terraza con mi cervecita bien fresca, como me gusta, y  que hacemos si me han hecho así.

 Se mantiene las franjas horarias para la práctica de deporte, ¿qué no lo entiendo?, ¿no es mejor una salida escalonada y no encasillarnos en grupos? Bueno, todo que sea por un bien mayor, y son ellos quien toman las decisiones y disponen de más información, lo digo como persona corriente y mortal, es una opinión.

 Ya ha llegado el momento de empezar a salir y no depender de cuando ellos te lo digan que somos mayorcitos y hemos demostrado que lo hemos hecho bien, sé que ahora quieren pecar de prudentes y de no desandar el camino andado. ¿Cansado? Sí, ya tocaba por lo menos que nos dejaran salir  a practicar nuestro deporte, con el tiempo necesario y no tener que ir pendiente de llegar tarde, que yo soy muy obediente y no puedo llegar ni un minuto tarde. Que me pongo nervioso, me salen arrugas y se me va a caer el poco pelo que me queda.

Día 56: Hoy, sábado 9 de mayo, he salido, yo solo a hacer las palmas, la gente se ha cansado, ya de salir y han dejado de poner la música. De alguna forma me da tristeza, la verdad que no se por qué, pero así es, me había acostumbrado a esa rutina, a ir saludando a los vecinos, algunos llevaran ahí muchos años y habían pasado totalmente desapercibido en mi día a día. Ha tenido que pasar esta crisis para darme cuenta que vivían allí, ahora cuando los vea los saludaré y les preguntaré cosas, ¿de cómo le va la vida  y cosas de vecinos?

  Nuevos tiempos, tiempos modernos. Es el título de una canción de Ilegales, del año 1983, como se nos queda grabado a fuego, algunas canciones y momentos de nuestra vida, que los revivimos con una intensidad, ese viaje en el tiempo del recuerdo, del ayer, de un pasado lejano y presente a la vez, que se nos muestra con una lucidez, que hasta nosotros mismos no somos conscientes de ese paso del tiempo. En algún momento creo, en los pasillos del tiempo que nos comunican con otra realidad, cómo el tiempo se comprime y se alarga en función de los sentimientos. Cuando ponemos el alma en algo, las letras se escriben con la  tinta  imborrable de los recuerdos.

Día 57: La verdad que no se si quiero terminar de escribir el diario, es un dialogo conmigo mismo y parece que lo necesito, yo más que él a mí. ¿Me han preguntado alguna vez, qué cuando voy a terminar de escribirlo? Sinceramente, no lo sé, el diario se escribe solo, ya tiene vida propia, es autónomo, y no seré yo el que decida. Cuando no tenga nada que contar con respecto al coronavirus, seguro que me lo dice…

Esta noche oía los golpes del viento contra la persiana de mi  dormitorio y me decía, qué mal rollo…

Me he levantado, sin ganas de salir en  el tiempo de deporte que me correspondía, el viento, me ha quitado las ganas. Que pueda salir, no quiere decir que tenga que salir, que no es una obligación, es como que pierdo un poco más de mi libertad, ya hasta la tarde noche no puedo volver a salir a que me acaricie un poco el aire y estirar las piernas, de todas formas no sé si saldré. El solecito dependiendo de cómo este el viento lo tomaré en mi terraza, que se ha convertido en la terraza bar de mi casa. Cada día me gusta más mi casa. Miraremos el lado positivo…

 

 

 

Autor: Goyo Galache

Un soñador, qué vive para ser feliz y ahora le ha dado por publicar sus cosas sobre la vida y pensamientos.