Recuerdos

Lo que les voy a contar es lo me ocurrió en mi vida en un periodo de tiempo que no recuerdo, solo son mis  pensamientos, no sé cuando ha pasado o como he llegado a esta situación, son cosas que pasan, ha sido como un sueño del que todavía no me he despertado y del que no sé cuando despertaré, lo que si sé, que quería despertar  y volver a la vida para  vivir mi vida.

 Cuando nos dicen: somos nuestros propios recuerdos y que la memoria nos forma como persona, qué razón tienen, solo somos eso, recuerdos y como nos recuerdan las personas con las que nos relacionamos y cuando no nos recuerdan no existimos, empezamos a vivir en ese recuerdo, cuanto más quieres o pretendes ser y no estamos  en nosotros, estamos en otros.

Cuando me levanto un día de mi cama por decir algo, supongo que es mi cama, mi cuarto y mi casa, no me reconozco, ni a mí ni a nada de lo que me rodea, siento mucha angustia, estoy perdido, pero ya no soy la persona que era, no sé lo que soy, soy un impostor o algo parecido, no tengo recuerdos, no recuerdo  nada.

 

Las rutinas

La vuelta a la casa de invierno y de forma sorpresiva, es deprimente, todo es más oscuro, los colores, el asfalto, los coches, los olores, la contaminación y sobre todo mi sensación, una sensación de fin del verano y de una perdida de un tiempo de vida, de disfrute, de sol, de playa, de arena, de andar y de muchas cosas que se hacen en verano, esos atardeceres eternos, esos baños a primera hora de la mañana con el agua fría que te hace estar vivo, ese pasear por la orilla de la playa, esa lectura pausada en la terraza, ese roce de la brisa que nos acaricia y todo esto, se ha terminado. Empezamos otra vida o mejor retomamos la que ya teníamos y estaba olvidada, es como que esa ya no me pertenece, esa vida era anterior a la otra y ahora se quiere imponer y yo todavía no la dejo, me resisto a empezar otra vez con las rutinas del invierno.

Cuando me he levantado esta mañana, estaba perdido, tenia muchos frentes abiertos y muchas cosas por hacer, pero realmente tenia ganas o era esa rutina que ya se estaba apoderando de mi, solo llevaba unas horas en mi nueva vida y ya era dueña de mis actos, se estaba imponiendo a mi voluntad. Por un momento me estaba ganando, alto, qué soy yo él que manda y diré lo que tengo que hacer. En cuanto me he levantado me ha empezado a mandar y otra vez he intentado imponerme, pero nada, que vuelve y vuelve y la he tenido que dejar, era ella la que me gobernaba y la que sabia lo que tenía que hacer, lo que no entiendo bien, sí yo era consciente de su dominación y de hecho no podía remediarlo, ante estos hechos de mi voluntad he decidido escribir sobre las rutinas, esas que nos dominan y no lo sabemos o sí, pero somos incapaces de ponerle fin.

Siempre se ha dicho que en las rutinas nos sentimos cómodos y qué cuando nos sacan de nuestra zona de control o confort, llámalo como quieras nos sentimos raros, algo nos falta o no somos todo lo nosotros que queremos ser. Las rutinas las interiorizamos de una forma que son más nuestras de lo que pensamos y cuando las hemos olvidado, nos vuelven con fuerza y quieren instalarse en nuestro mundo para volvernos más esclavos de ellas y sean ellas las que nos digan como tenemos que hacer las cosas.

Ha sido volver a mi casa y volver las rutinas a instalarse en mi mente y tener que volver a hacer lo que hacia antes, sin plantearme si eso es, lo que quiero ahora, se ve que necesito un periodo de adaptación a mi nueva vida. La gente lo nota después de las vacas y yo después de tres meses de desconexión. La depre post vacacional, sí me esta afectando…

A veces hacemos cosas impulsados por una fuerza que nos empuja hacia una realidad distinta de la nuestra, es como que no somos nosotros pero si somos. Cuando repetimos un acto o realizamos una acción un numero indeterminado de veces, se inserta en nuestro inconsciente y ya forma parte de nosotros, ahora debemos de hacer al contrario debemos de reconstruir la acción. Cuando piense que tengo que hacer determinada cosa, voy a pensar y decirme, no ahora no lo voy a hacer, y entonces surge la incertidumbre de pensar que no estas haciendo lo correcto que te gustaría hacer. La oposición a las rutinas tiene que ser mi objetivo durante unos días, pensar lo que voy a hacer y no dejarme llevar, sino ser consciente de lo que hago e intentar romper ese circulo, que se vuelve cómodo y de verdad, si lo digo: hacer lo que me apetezca y dejar de posponer las cosas por que sí.

Todo lo que hacemos en nuestra vida son rutinas, leer, escribir, practicar deporte, andar… nos acostumbramos a nuestras rutinas y nos gustan y estas si son buenas y nos sientan bien y cuando no las hacemos notamos ese algo que nos falta; que las necesitamos…

Volver a escribir también entra dentro de mi rutina, cuando te acostumbras, lo necesitas es comunicarte contigo mismo, hablar a una hoja en blanco, mancharla con tus pensamientos, esos que quieres o tienes que dejar volar para mandarlos al universo y que esa energía te la devuelva en forma de otros pensamientos…

A veces las cosas no son tan sencillas he intentamos andar un camino para acercarnos más a nosotros para poder mirarnos y decirnos que ahora será el momento de esa búsqueda, de encontrarnos, de ser más nosotros, de dejarnos llevar, de ser lo que queremos, lo sabemos o no lo sabemos. Sinceramente creo que no…

Los albañiles

Esperando a los albañiles, no podía ser de otra forma, como era de esperar no me llaman cuando me tenían que haber llamado y no vienen cuando tenían que haber llegado, eso que llevan esos trabajos que lo llevan en su condición, son trabajos que siempre se complican y siempre se retrasan y pocas veces por no decir ninguna cumple con lo pactado, no hay que entenderlos son así y ya está, no intentes ponerte en su lugar, no puedes, es imposible con otra mentalidad meterte en esos complicados trabajos de arena, cemento y ladrillos.

Llamo a un teléfono que tengo y me dice un contestador muy simpático que hasta las nueve nada, que me espere que el horario de oficina empieza a esa hora y cuando logro ponerme en comunicación con ellos, me dice una chica por cierto muy agradable, que si, que tenían mi trabajo a primera hora, pero que le habrá surgido una urgencia y que no me preocupe que ellos me llamaran, vaya una urgencia, y la mía qué, cosas que tiene la vida. Si efectivamente me llaman como otra hora después y me dicen que tardaran sobre otra hora más. Pues nada a esperar que es lo que toca.

En esa espera, que desespera me digo: voy mientras a desayunar y así gano tiempo, con le estomago lleno se ve la vida de otra forma, me meto en una cafetería pequeña y familiar que hay cerca de mi casa y cuando entro empiezo a oír un ruido infernal, gritos, ruidos de vasos y tazas chocando algo horroroso, era increíble no me lo podía creer, era como que me ha había vuelto sensible al ruido, todo el ruido del mundo se concentraba en esa cafetería.

Estuve a punto de salirme, pero era el bar mas cercano y estaba esperando que llegaran los albañiles o me llamaran o yo que sé, tocaba esperar, tenia que hacer tiempo, ese que a veces te sobra y a veces lo echamos de menos, en esos momentos lo tenia de más.

Era como un infierno todos los vasos y tazas chocaban a la vez, las voces se iban superponiendo unas y otras y los gritos iban en aumento, todo el mundo intentaba hablar más fuerte que su interlocutor y querían imponer su criterio, el camarero le gritaba a muchos clientes para todos tenia algo, alguna palabra ocurrente, en ese momento me di cuenta que yo no pertenecía a ese lugar era un impostor que estaba allí solo para darme cuenta de esa realidad, una que no era la mía, había traspasado ese momento tiempo que no me correspondía, ahora estaba allí como observador de fenómenos absurdos, de verdad que si, estaba y era sensible de esa realidad.

Me imagino que para los que estaban allí no eran conscientes de esa situación estresante, que lo era, para él que venia de fuera era aterrador, lo decibelios subían y subían, parecía que cada vez gritaban más, no lo parecía, era real, el submundo del ruido trasladado al bar al lado de mi casa, de verdad que no ha sido una percepción, era en el mundo de los sentidos, era un despropósito, era una orquesta desafinada donde cada instrumento tocaba en el momento que no tenia que tocar y si desafinaba mejor esa era su función, y a la vez tenia que sonar más fuerte para que fuera menos armonioso y su ruido fuera irritante.

En un instante el ruido alcanzo su clímax y se estabilizo, ya no se podía gritar más y yo como por arte de magia me acostumbre al súper-ruido y me di cuenta que había venido a desayunar, la experiencia fue extraña mi cuerpo estaba en el bar pero mi mente pertenecía al ruido, mi atención estaba concentrada y mi interés residía en las diferentes clases de ruidos habidos y por haber, la maquina de hacer café, era como una silbido estridente, el molinillo una taladradora, las tazas y los platillos chocaban incesantemente, todo sonaba sin armonía, con acordes desacompasados.

Creo que ese gran ruido se debe a la mala insonorarización del bar, no me creo que los habitantes de mi barrio sean en concretos más chichones que otros, simplemente es un bar pequeño con mucha gente y en ese día por motivos que desconozco mi oído estaba muy sensibilizado, así lo viví y así lo cuento. Por cierto desayune y me fui fijando un poco en la gente, estaban muy animados contando sus batallitas, temas futboleros y otros a mi lado hablando de su nieto que si tiene los ojos azules como su madre y si su otro… en fin conversación triviales que sirven para seguir viviendo en este mundo intrascendente que a veces se vuelve un poco exigente y en otro nos hace ser distintos y vivir situaciones distintas.

Por cierto vinieron los albañiles, muy currantes y profesionales lo dejaron todo arreglado y en su orden. Esto lo escribí mientras estaba esperando a que terminaran, primero me puse un poco a ver lo que hacían pero me di cuenta que era un poco molesto para ellos y me puse a leer un poco y luego tenia que escribir sobre el ruido, lo tenia grabado en mi cabeza.

El suicidio

Cuando la desesperación se apodera de tu espíritu y no ves otra salida a tu angustia, solo hay un camino, terminar con el sufrimiento. Afrontar la desdicha, el mal hacer, el creerte por encima del bien y del mal y no saberte humano. Hay algo que te vuelve a tu realidad y te hace sentir dolor y ese dolor continuado termina en un sufrimiento inaguantable.

El suicidio como única opción, que desesperación tan grande, que desdicha interior, que sin vivir, que angustia existencial. Poner fin a una vida, aunque sea la tuya y el sufrimiento que dejas y esos hijos, mujer, madre. Y esos amigos que le habían dado la espalda y que eran sus inseparables cuando tenía fama y dinero ¿quién se merece eso? Ha sido demasiado, no ha podido superar la presión y ese algo interior que le decía, lo has hecho mal, te has creído una superpersona y eres como todos y ahí tienes tus miserias, te has rendido y ahora qué, ¿quién a perdido ahora? En fin mucho sufrimiento para terminar así, necesitamos ser mas humildes y tenemos derecho a equivocarnos y ser codiciosos pero podemos rectificar, eso nos hace ser mejores personas, pero el problema viene cuando  no queremos, entones no aceptamos lo que somos y no comprendemos lo que nos esta pasando. El mundo contra mi, nadie me entiende y esto tiene que terminar, es una decisión desde el egoísmo o no desde la valentía, como  afrontar el deshonor, no lo sé, hay que estar dentro de esa persona que ya no esta. Volviendo al principio, la desesperación en grado sumo, un momento o secuencia de momentos incomprensibles de pérdida de la realidad, de saber que tu vida se va a terminar y que ya no habrá un mañana, que ya no podrás abrazar a los tuyos, ni que te regalen una sonrisa, ni pasear con ellos, una pérdida absoluta de las ganas de vivir, la maldad se apodera del ser humano. ¿Alguien se merece esto? No, no lo creo, nadie se merece tanto sufrimiento, cuando pienso lo que se le habrá pasado por la cabeza de este hombre, no soy capaz de poder ni imaginármelo, todo negro, muchos fantasmas y demonios escondidos. Y su familia, que le decimos, que le  explicamos, el sufrimiento queda para otros, hay un traspaso de dolor.

Voy a relatar los hechos en la secuencia que ocurrieron, esta persona llega de madrugada a una finca de caza que está  por lo menos  a trescientos kilómetros, siempre llegaba a otras horas mas normales por la tarde o por la mañana, un primer indicio, se lo había estado pensando, en esa mente enferma por el orgullo, creo cada vez mas que ha sido un acto de cobardía, segundo indicio venia sin equipaje, aunque fuera un neceser y una muda y un tercero se había traído su propia escopeta, me imagino, para no comprometer a nadie, normalmente cogía alguna escopeta de la casa.

Cuando llega le dan un cuarto y se acuesta, creo que no para dormir sino para urdir su plan maestro, el más importante, quitarse la vida, por la mañana desayuna con los que estaban en la finca, parece ser que eran tres y en un momento del desayuno, le pregunta a uno si tiene el teléfono de su mujer, por si pasa algo, creo que se lo da o ya lo tenía no recuerdo este punto,  a continuación se levanta de la mesa y comenta que va a poner el coche a la sombra que hace mucho calor, hasta ahí bien, de repente  suena un estruendo, un disparo, este personaje se había quitado la vida, se había apoyado la escopeta en el pecho y se había disparado.

Joder, que duro, creo que no hay una explicación, la muerte no tiene explicación, se termina la vida y ya esta, pero que tu te la arrebates, tiene menos sentido, una persona de éxito que no ha sabido resistir su fracaso, siempre con su arrogancia de chulo, no se le veía arrepentido, ni ha pedido perdón a los que has hecho sufrir. Y esto consuela a alguien, sinceramente creo que no, como no sea a él.

Los Japoneses se quitaban la vida por deshonor mediante el harakiri, es un ritual de los Samuráis, donde se destripaban con su espada, en el hará, zona del vientre donde están los intestinos y se encuentra el centro de la energía, que anima al cuerpo, el Ki. Cabe la posibilidad del suicidio por deshonor en este caso, puede ser, se ha sentido contrariado, ofendido y herido en su honor, pero en este acto no ha habido disculpas por su mal hacer y ha seguido en su altivez de creerse en otro mundo.

Sigo apoyando la tesis de la cobardía para intentar buscar el porqué de lo que no lo tiene. Si cobarde, aquel que tiene miedo a afrontar aquello que ha cometido y en vez de repararlo, se mantiene en su torre.

Nadie lo sabe, nadie estaba en su cabeza, todo son especulaciones y elucubraciones, de lo único que estamos seguros es de su final. 

Cuando la vida se termina, se acaba nuestro periplo en el mundo material, en el mundo de los sentidos y se abre otro camino, el de los espíritus, en otra dimensión, en otro submundo que no podemos imaginar con este cuerpo y que podemos vislumbrar con nuestra alma, esa sensación que sabes que hay algo pero que no llegas o no puedes comprender, se te escapa, hay pequeños momentos que aparece con claridad, pero dura tan poco que no llegas ni a experimentarlo. Ese desprenderte de todo es la muerte, salir de lo que eres para no ser nada, fundirte con la nada, con el vació existencial, volver a ser Dios, ese miedo atávico a no ser nada de lo que eras, a ser algo diferente, nos aferramos al cuerpo, a ese envoltorio que tanto nos gusta, a las sensaciones agradables de los sentidos, a tener cuerpo a ser algo, queremos ser algo, no sabemos ser nada, tenemos necesidad de experimentar.

Me imagino o lo intuyo, según vamos cumpliendo años o cuando estamos cerca del final empezaremos a comprender y a no tener miedo a la muerte, a entenderla como algo que forma parte de la vida, que todo lo que empieza tiene un final,  aceptarla y vivir lo que tengamos que vivir con entusiasmo y alegría de vida.

Quizás la vida ya había tocado la melodía  final del concierto y ese era lo esperado morir con deshonor, pero y no por la muerte sino por el sufrimiento anterior, esos remordimientos y angustia, tan solo de pensarlo y segundos antes del óbito, que desazón, que incomprensión, que desatino, que poco gusto.

Este articulo lo escribí hace unos días cuando sucedió  el suicidio de un famoso banquero pero no me había sentido con fuerzas de publicarlo y leyéndolo esta mañana, lo he decidido hoy era el día.