Los albañiles

Esperando a los albañiles, no podía ser de otra forma, como era de esperar no me llaman cuando me tenían que haber llamado y no vienen cuando tenían que haber llegado, eso que llevan esos trabajos que lo llevan en su condición, son trabajos que siempre se complican y siempre se retrasan y pocas veces por no decir ninguna cumple con lo pactado, no hay que entenderlos son así y ya está, no intentes ponerte en su lugar, no puedes, es imposible con otra mentalidad meterte en esos complicados trabajos de arena, cemento y ladrillos.

Llamo a un teléfono que tengo y me dice un contestador muy simpático que hasta las nueve nada, que me espere que el horario de oficina empieza a esa hora y cuando logro ponerme en comunicación con ellos, me dice una chica por cierto muy agradable, que si, que tenían mi trabajo a primera hora, pero que le habrá surgido una urgencia y que no me preocupe que ellos me llamaran, vaya una urgencia, y la mía qué, cosas que tiene la vida. Si efectivamente me llaman como otra hora después y me dicen que tardaran sobre otra hora más. Pues nada a esperar que es lo que toca.

En esa espera, que desespera me digo: voy mientras a desayunar y así gano tiempo, con le estomago lleno se ve la vida de otra forma, me meto en una cafetería pequeña y familiar que hay cerca de mi casa y cuando entro empiezo a oír un ruido infernal, gritos, ruidos de vasos y tazas chocando algo horroroso, era increíble no me lo podía creer, era como que me ha había vuelto sensible al ruido, todo el ruido del mundo se concentraba en esa cafetería.

Estuve a punto de salirme, pero era el bar mas cercano y estaba esperando que llegaran los albañiles o me llamaran o yo que sé, tocaba esperar, tenia que hacer tiempo, ese que a veces te sobra y a veces lo echamos de menos, en esos momentos lo tenia de más.

Era como un infierno todos los vasos y tazas chocaban a la vez, las voces se iban superponiendo unas y otras y los gritos iban en aumento, todo el mundo intentaba hablar más fuerte que su interlocutor y querían imponer su criterio, el camarero le gritaba a muchos clientes para todos tenia algo, alguna palabra ocurrente, en ese momento me di cuenta que yo no pertenecía a ese lugar era un impostor que estaba allí solo para darme cuenta de esa realidad, una que no era la mía, había traspasado ese momento tiempo que no me correspondía, ahora estaba allí como observador de fenómenos absurdos, de verdad que si, estaba y era sensible de esa realidad.

Me imagino que para los que estaban allí no eran conscientes de esa situación estresante, que lo era, para él que venia de fuera era aterrador, lo decibelios subían y subían, parecía que cada vez gritaban más, no lo parecía, era real, el submundo del ruido trasladado al bar al lado de mi casa, de verdad que no ha sido una percepción, era en el mundo de los sentidos, era un despropósito, era una orquesta desafinada donde cada instrumento tocaba en el momento que no tenia que tocar y si desafinaba mejor esa era su función, y a la vez tenia que sonar más fuerte para que fuera menos armonioso y su ruido fuera irritante.

En un instante el ruido alcanzo su clímax y se estabilizo, ya no se podía gritar más y yo como por arte de magia me acostumbre al súper-ruido y me di cuenta que había venido a desayunar, la experiencia fue extraña mi cuerpo estaba en el bar pero mi mente pertenecía al ruido, mi atención estaba concentrada y mi interés residía en las diferentes clases de ruidos habidos y por haber, la maquina de hacer café, era como una silbido estridente, el molinillo una taladradora, las tazas y los platillos chocaban incesantemente, todo sonaba sin armonía, con acordes desacompasados.

Creo que ese gran ruido se debe a la mala insonorarización del bar, no me creo que los habitantes de mi barrio sean en concretos más chichones que otros, simplemente es un bar pequeño con mucha gente y en ese día por motivos que desconozco mi oído estaba muy sensibilizado, así lo viví y así lo cuento. Por cierto desayune y me fui fijando un poco en la gente, estaban muy animados contando sus batallitas, temas futboleros y otros a mi lado hablando de su nieto que si tiene los ojos azules como su madre y si su otro… en fin conversación triviales que sirven para seguir viviendo en este mundo intrascendente que a veces se vuelve un poco exigente y en otro nos hace ser distintos y vivir situaciones distintas.

Por cierto vinieron los albañiles, muy currantes y profesionales lo dejaron todo arreglado y en su orden. Esto lo escribí mientras estaba esperando a que terminaran, primero me puse un poco a ver lo que hacían pero me di cuenta que era un poco molesto para ellos y me puse a leer un poco y luego tenia que escribir sobre el ruido, lo tenia grabado en mi cabeza.

Autor: Goyo Galache

Un soñador, qué vive para ser feliz y ahora le ha dado por publicar sus cosas sobre la vida y pensamientos.

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