Una mañana de lunes

Si, todo empieza una mañana de lunes, te levantas como otro día más, intentas que así sea, pero no, es diferente las ganas te abandonan y no sabes porqué, no tienes claro que hacer con el día, bajas a comprar el pan vestido de ciclista, ya sabías que iba a salir con la bici o por lo menos esa decisión ya estaba tomada era como que estaba pensada de antemano sin saberlo.

Cuando me dirijo a la panadería a comprar el pan, por el camino de todos los días, en la carretera veo mucha gente amontonada, me digo: “parece que ha pasado algo y grave”. Cuando me voy acercándome al incidente, observo que un coche en una curva por la que suelo pasar; un BMV se ha salido de la carretera se ha llevado por delante un bolardo y la señal del paso de peatones y un hombre joven tirado en la carretera, en posición fetal y otros dos hombres a su lado intentando consolarle de alguna forma.

En principio parece la cosa grave, me pensaba que el que estaba en el suelo era un peatón que habida sido atropellado, hablando con otros hombres del lugar me comentan, que el que está en el suelo es conductor, un hombre joven en chándal, rubio y de buena presencia, que le había dado un ataque epiléptico o algún tipo de desvanecimiento. En principio la cosa tenía mala pinta, según se van desenvolviéndose los acontecimientos se va arreglando un poco la cosa, con la llegada de una ambulancia, medio lo incorporan y se lo llevan dentro de la ambulancia y parece que la cosa tiene ya otro color, lo que parecía un atropello se convierte en un desmayo y en principio sin más gravedad.

Esto ya me predispone con mal rollito, estas situaciones son feas es como que el cuerpo te lo deja regular, te das cuenta de lo poco que somos de lo de paso que estamos y que en cualquier momento nos vamos y no nos hemos ni dado cuenta, yo paso por ahí muchas veces y perfectamente me podía haber pillado y son cosas que no pensamos, en fin, cambio de tema.

Salgo con la bici de carretera sin rumbo fijo, como el día de antes me fui a Cabo de Gata y sigue haciendo viento, como que quiero cambiar de aires, nunca mejor dicho, me dirijo a la zona de Rioja, hasta allí lo tenía claro, eso era fácil ya desde allí tomaría dirección o bien Alhabia, Alhama, Santa Fe o Tabernas y al final las piernas o la cabeza me han hecho tomar Tabernas, iba sin desayunar y la verdad que a veces no me da nada de hambre pero hoy si, el estomago me venía haciendo ruido y no tenía fuerzas, había pensado desayunar en Rioja y ya con la barriga llena decidir que hacer, cuando llego al bar, como no podía ser de otra forma cerrado, esta situación ya me estaba determinando ir a Tabernas a desayunar, como he mencionado antes, la dirección la había decidido y no podía cambiarla, que tampoco se porqué, pero así era.

Cuando empiezo a enfilar las rectas de Tabernas, veo un bar casa súper cutre y observo que hay varios coches parados y por esas cosas del destino mis piernas se paran y sin saber muy bien porqué, me dirijo a lo que parecía un bar, en la puerta una señora mayor o de mi edad, no sabría decir exactamente con un chica joven creo que no llegaría a la veintena que sería su hija, estaban arreglando las macetas, les estaban quitando los ramajes y hojas secas, saludo cordialmente y no recibo ninguna contestación, me digo a lo mejor son sordas o no están a acostumbradas a ver ciclistas o gente o yo que sé. Paso a tomar el café y parece un bar de hace cuarenta años o más y la cosa que hay un parroquiano tomando un café saludo y me saludan como por compromiso, que gente mas rara, yo sigo en las mías, le pregunto si hacen tostadas y me dice que si.

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Me pone el café y la tostada, me salgo a la puerta que había un par de mesas con unas sillas de la era terciaria, pero me daba igual me apetecía estar al fresco, por cierto dentro del bar, se habían concentrado todas las moscas del desierto y se encontraban todas haciendo remolinos, la verdad que no sé si eso significará algo, pero me llamó la atención, a lo mejor estaban jugando a algún juego de moscas.

Sentado en la calle tomándome el café, llegan dos camioneros de estos que llevan camiones, que son como volquetes, para llevar mineral y uno de ellos, está dándole a un botón para correr una loneta que lleva el camión para proteger la carga y que con el aire no se vuelen partículas o restos del mineral que lleven y el sistema estaba fallando y hacia un ruido rarísimo así como que está atrancado y no puede seguir, pues nada, así sigue el hombre un rato, pienso, este me va a dar la mañana con el ruidito, después de un tiempo dándole que te pego lo arregla y cuando se dirige al bar saluda a las señoras que estaban en la puerta con sus menesteres y de sus bocas no sale ni un mal gesto, jajaja, me lo temía, son sordas o por lo menos a esa conclusión llego en ese momento, error.

Sigo tomándome la tostada y empiezan a hablar entre ellas, lo que parecía Madre e Hija, en un tono normal y sin elevar la voz, ni haciendo cosas raras de sordos para los que no lo somos, ¡Que no son sordas¡ ¿Qué son mal educadas¡ A lo mejor no les han enseñado a saludar y se creen que esos saludos no se refieren a ellas, si no que hablamos solos y en voz alta porque nos apetece o se creerán que los locos somos nosotros.

El bar por dentro era pintoresco, una decoración recargadísima, barroca y con una capa de polvo que no dejaba ver los objetos. Estos se encontraban amontonados, había muchas fotos de películas del oeste y parecía como una tienda de segunda mano, no se si voy a publicar esto en mi blog, pero si lo hago pondré alguna foto que saqué disimuladamente.

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Cuando me dirijo a pagar, me cobran lo mismo que si me lo hubiera tomado en la cafetería más pija de Almería, a pesar de todo la experiencia ha merecido la pena, hay situaciones que te maravillan por lo esperpéntico y raro, me lo pasé bien, pendiente de todo lo que iba sucediendo en el bar.

No me quiero alargar más, la cosa tenía guasa, la salida de la bici bien, después del bar me dió una inyección de fuerza y tenía las piernas enteras, con unas ganas de pedalear tremendas, terminé en el Minihollywood. Y volví a Almería volando, primero porque es cuesta abajo y segundo porque llevaba el aire de culo. Mucha bici y experiencias para contarlas.

 

 

 

 

 

Los albañiles

Esperando a los albañiles, no podía ser de otra forma, como era de esperar no me llaman cuando me tenían que haber llamado y no vienen cuando tenían que haber llegado, eso que llevan esos trabajos que lo llevan en su condición, son trabajos que siempre se complican y siempre se retrasan y pocas veces por no decir ninguna cumple con lo pactado, no hay que entenderlos son así y ya está, no intentes ponerte en su lugar, no puedes, es imposible con otra mentalidad meterte en esos complicados trabajos de arena, cemento y ladrillos.

Llamo a un teléfono que tengo y me dice un contestador muy simpático que hasta las nueve nada, que me espere que el horario de oficina empieza a esa hora y cuando logro ponerme en comunicación con ellos, me dice una chica por cierto muy agradable, que si, que tenían mi trabajo a primera hora, pero que le habrá surgido una urgencia y que no me preocupe que ellos me llamaran, vaya una urgencia, y la mía qué, cosas que tiene la vida. Si efectivamente me llaman como otra hora después y me dicen que tardaran sobre otra hora más. Pues nada a esperar que es lo que toca.

En esa espera, que desespera me digo: voy mientras a desayunar y así gano tiempo, con le estomago lleno se ve la vida de otra forma, me meto en una cafetería pequeña y familiar que hay cerca de mi casa y cuando entro empiezo a oír un ruido infernal, gritos, ruidos de vasos y tazas chocando algo horroroso, era increíble no me lo podía creer, era como que me ha había vuelto sensible al ruido, todo el ruido del mundo se concentraba en esa cafetería.

Estuve a punto de salirme, pero era el bar mas cercano y estaba esperando que llegaran los albañiles o me llamaran o yo que sé, tocaba esperar, tenia que hacer tiempo, ese que a veces te sobra y a veces lo echamos de menos, en esos momentos lo tenia de más.

Era como un infierno todos los vasos y tazas chocaban a la vez, las voces se iban superponiendo unas y otras y los gritos iban en aumento, todo el mundo intentaba hablar más fuerte que su interlocutor y querían imponer su criterio, el camarero le gritaba a muchos clientes para todos tenia algo, alguna palabra ocurrente, en ese momento me di cuenta que yo no pertenecía a ese lugar era un impostor que estaba allí solo para darme cuenta de esa realidad, una que no era la mía, había traspasado ese momento tiempo que no me correspondía, ahora estaba allí como observador de fenómenos absurdos, de verdad que si, estaba y era sensible de esa realidad.

Me imagino que para los que estaban allí no eran conscientes de esa situación estresante, que lo era, para él que venia de fuera era aterrador, lo decibelios subían y subían, parecía que cada vez gritaban más, no lo parecía, era real, el submundo del ruido trasladado al bar al lado de mi casa, de verdad que no ha sido una percepción, era en el mundo de los sentidos, era un despropósito, era una orquesta desafinada donde cada instrumento tocaba en el momento que no tenia que tocar y si desafinaba mejor esa era su función, y a la vez tenia que sonar más fuerte para que fuera menos armonioso y su ruido fuera irritante.

En un instante el ruido alcanzo su clímax y se estabilizo, ya no se podía gritar más y yo como por arte de magia me acostumbre al súper-ruido y me di cuenta que había venido a desayunar, la experiencia fue extraña mi cuerpo estaba en el bar pero mi mente pertenecía al ruido, mi atención estaba concentrada y mi interés residía en las diferentes clases de ruidos habidos y por haber, la maquina de hacer café, era como una silbido estridente, el molinillo una taladradora, las tazas y los platillos chocaban incesantemente, todo sonaba sin armonía, con acordes desacompasados.

Creo que ese gran ruido se debe a la mala insonorarización del bar, no me creo que los habitantes de mi barrio sean en concretos más chichones que otros, simplemente es un bar pequeño con mucha gente y en ese día por motivos que desconozco mi oído estaba muy sensibilizado, así lo viví y así lo cuento. Por cierto desayune y me fui fijando un poco en la gente, estaban muy animados contando sus batallitas, temas futboleros y otros a mi lado hablando de su nieto que si tiene los ojos azules como su madre y si su otro… en fin conversación triviales que sirven para seguir viviendo en este mundo intrascendente que a veces se vuelve un poco exigente y en otro nos hace ser distintos y vivir situaciones distintas.

Por cierto vinieron los albañiles, muy currantes y profesionales lo dejaron todo arreglado y en su orden. Esto lo escribí mientras estaba esperando a que terminaran, primero me puse un poco a ver lo que hacían pero me di cuenta que era un poco molesto para ellos y me puse a leer un poco y luego tenia que escribir sobre el ruido, lo tenia grabado en mi cabeza.