Ayer fue la final del la Conference League de futbol europeo, para quien no lo sepa es la tercera competición europea de futbol por importancia. Ningún equipo español ha llegado a ninguna de las otras tres en este año, solo el Rayo a está, jugaba con un equipo ingles de Londres llamado Crystal Palace, un equipo que le cuadriplicaba el presupuesto.
Era una tarea difícil, David contra Goliat, un pequeño club de un barrio de Madrid de lo más modesto, contra otro de otro barrio obrero de la gran Londres, aun así bajo premisa de sencillez, estaban jugando en ligas diferentes.
Antes de empezar oyendo a los comentaristas y futbolistas que hacían de comentaristas deportivos, les daban a los dos equipos las mismas posibilidades o por lo menos no le daban menos al Rayo, es cierto el otro equipo era mejor sobre el papel, la realidad de la final los hacía iguales. Tenían que pasar varias cosas, primero que el Rayo jugara a ser el Rayo, que movieran y tocaran la pelota, que jugaran como saben y el Crystal también, replegado y saliendo al contraataque y que cada uno con sus armas, la final cayera del lado del Rayo, eso queríamos.
De la teoría al hecho hay un trecho, el Rayo salió nervioso, parecían niños de colegio, poco a poco se fue asentando en el partido, a pesar de no jugar bien o por lo menos como ellos saben, era lógico estábamos en una final.
Los jugadores del Crystal, eran gigantes, unos jugadores que parecían torres y los del Rayo no se dejaban intimidar. Las ocasiones en la primera parte se iban repartiendo, una clara para cada equipo. Empezó la segunda parte y al poco gol del Crystal en un fallo de la defensa, un delantero se metió hasta la cocina disparo y en el rechazo del portero, remate a gol de otro que se encontraba por allí y se acabo el partido.
Siguieron luchando, atacando con más ganas que poder y el resultado ya estaba escrito. Fue inamovible, David no pudo contra Goliat. Lo que más me gusta del futbol es la incertidumbre del resultado, en el futbol puede pasar de todo, no necesariamente gana el que juega mejor, ni gana el mejor equipo, sino que hay una especia de justicia divina que gana el que más se lo ha merecido, hay un balance de fuerzas y el resultado es el que habla y dice…
Esta vez la justicia divina no cumplió con lo que le tiene marcado su propósito de vida, de alió con el más fuerte y dejo al débil abandonado, en fin, así es el futbol y la vida, no siempre se gana, otras se pierde y en una final, tienes cien años de perdón.
La gente de Vallecas al final llorando de pena, también de alegría de haber podido compartir esa ilusión de estar allí, de ser, que no pudo ser.
Ya ha conseguido mucho llegando a una final era un sueño del que había que despertar y se despertó cuando el árbitro pito el final del partido. Allí se acabo el sueño. La realidad era volver después de haber perdido, con esas vivencias.
Un orgullo de Rayo, de haber hecho lo que han hecho, llegar a una final, lucharla y perderla, pero para eso había que estar allí. Gracias Rayo por dejarnos vivir con vosotros la final de ayer.
Aúpa Rayo¡¡¡

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