El suicidio

Cuando la desesperación se apodera de tu espíritu y no ves otra salida a tu angustia, solo hay un camino, terminar con el sufrimiento. Afrontar la desdicha, el mal hacer, el creerte por encima del bien y del mal y no saberte humano. Hay algo que te vuelve a tu realidad y te hace sentir dolor y ese dolor continuado termina en un sufrimiento inaguantable.

El suicidio como única opción, que desesperación tan grande, que desdicha interior, que sin vivir, que angustia existencial. Poner fin a una vida, aunque sea la tuya y el sufrimiento que dejas y esos hijos, mujer, madre. Y esos amigos que le habían dado la espalda y que eran sus inseparables cuando tenía fama y dinero ¿quién se merece eso? Ha sido demasiado, no ha podido superar la presión y ese algo interior que le decía, lo has hecho mal, te has creído una superpersona y eres como todos y ahí tienes tus miserias, te has rendido y ahora qué, ¿quién a perdido ahora? En fin mucho sufrimiento para terminar así, necesitamos ser mas humildes y tenemos derecho a equivocarnos y ser codiciosos pero podemos rectificar, eso nos hace ser mejores personas, pero el problema viene cuando  no queremos, entones no aceptamos lo que somos y no comprendemos lo que nos esta pasando. El mundo contra mi, nadie me entiende y esto tiene que terminar, es una decisión desde el egoísmo o no desde la valentía, como  afrontar el deshonor, no lo sé, hay que estar dentro de esa persona que ya no esta. Volviendo al principio, la desesperación en grado sumo, un momento o secuencia de momentos incomprensibles de pérdida de la realidad, de saber que tu vida se va a terminar y que ya no habrá un mañana, que ya no podrás abrazar a los tuyos, ni que te regalen una sonrisa, ni pasear con ellos, una pérdida absoluta de las ganas de vivir, la maldad se apodera del ser humano. ¿Alguien se merece esto? No, no lo creo, nadie se merece tanto sufrimiento, cuando pienso lo que se le habrá pasado por la cabeza de este hombre, no soy capaz de poder ni imaginármelo, todo negro, muchos fantasmas y demonios escondidos. Y su familia, que le decimos, que le  explicamos, el sufrimiento queda para otros, hay un traspaso de dolor.

Voy a relatar los hechos en la secuencia que ocurrieron, esta persona llega de madrugada a una finca de caza que está  por lo menos  a trescientos kilómetros, siempre llegaba a otras horas mas normales por la tarde o por la mañana, un primer indicio, se lo había estado pensando, en esa mente enferma por el orgullo, creo cada vez mas que ha sido un acto de cobardía, segundo indicio venia sin equipaje, aunque fuera un neceser y una muda y un tercero se había traído su propia escopeta, me imagino, para no comprometer a nadie, normalmente cogía alguna escopeta de la casa.

Cuando llega le dan un cuarto y se acuesta, creo que no para dormir sino para urdir su plan maestro, el más importante, quitarse la vida, por la mañana desayuna con los que estaban en la finca, parece ser que eran tres y en un momento del desayuno, le pregunta a uno si tiene el teléfono de su mujer, por si pasa algo, creo que se lo da o ya lo tenía no recuerdo este punto,  a continuación se levanta de la mesa y comenta que va a poner el coche a la sombra que hace mucho calor, hasta ahí bien, de repente  suena un estruendo, un disparo, este personaje se había quitado la vida, se había apoyado la escopeta en el pecho y se había disparado.

Joder, que duro, creo que no hay una explicación, la muerte no tiene explicación, se termina la vida y ya esta, pero que tu te la arrebates, tiene menos sentido, una persona de éxito que no ha sabido resistir su fracaso, siempre con su arrogancia de chulo, no se le veía arrepentido, ni ha pedido perdón a los que has hecho sufrir. Y esto consuela a alguien, sinceramente creo que no, como no sea a él.

Los Japoneses se quitaban la vida por deshonor mediante el harakiri, es un ritual de los Samuráis, donde se destripaban con su espada, en el hará, zona del vientre donde están los intestinos y se encuentra el centro de la energía, que anima al cuerpo, el Ki. Cabe la posibilidad del suicidio por deshonor en este caso, puede ser, se ha sentido contrariado, ofendido y herido en su honor, pero en este acto no ha habido disculpas por su mal hacer y ha seguido en su altivez de creerse en otro mundo.

Sigo apoyando la tesis de la cobardía para intentar buscar el porqué de lo que no lo tiene. Si cobarde, aquel que tiene miedo a afrontar aquello que ha cometido y en vez de repararlo, se mantiene en su torre.

Nadie lo sabe, nadie estaba en su cabeza, todo son especulaciones y elucubraciones, de lo único que estamos seguros es de su final. 

Cuando la vida se termina, se acaba nuestro periplo en el mundo material, en el mundo de los sentidos y se abre otro camino, el de los espíritus, en otra dimensión, en otro submundo que no podemos imaginar con este cuerpo y que podemos vislumbrar con nuestra alma, esa sensación que sabes que hay algo pero que no llegas o no puedes comprender, se te escapa, hay pequeños momentos que aparece con claridad, pero dura tan poco que no llegas ni a experimentarlo. Ese desprenderte de todo es la muerte, salir de lo que eres para no ser nada, fundirte con la nada, con el vació existencial, volver a ser Dios, ese miedo atávico a no ser nada de lo que eras, a ser algo diferente, nos aferramos al cuerpo, a ese envoltorio que tanto nos gusta, a las sensaciones agradables de los sentidos, a tener cuerpo a ser algo, queremos ser algo, no sabemos ser nada, tenemos necesidad de experimentar.

Me imagino o lo intuyo, según vamos cumpliendo años o cuando estamos cerca del final empezaremos a comprender y a no tener miedo a la muerte, a entenderla como algo que forma parte de la vida, que todo lo que empieza tiene un final,  aceptarla y vivir lo que tengamos que vivir con entusiasmo y alegría de vida.

Quizás la vida ya había tocado la melodía  final del concierto y ese era lo esperado morir con deshonor, pero y no por la muerte sino por el sufrimiento anterior, esos remordimientos y angustia, tan solo de pensarlo y segundos antes del óbito, que desazón, que incomprensión, que desatino, que poco gusto.

Este articulo lo escribí hace unos días cuando sucedió  el suicidio de un famoso banquero pero no me había sentido con fuerzas de publicarlo y leyéndolo esta mañana, lo he decidido hoy era el día.