Niñas

Un día de bici, de calor en Almería, de vuelta, buscado un  sitio para desayunar  en Los Molinos, mi barrio, a eso que diviso una mesa y a la caza, en ese trayecto paso por medio de mesas y veo en una de ellas sentadas a una madre, con dos hijas pequeñas, una de 5 o 6 años y otra algo mayor sobre 9 años, como están de  vacaciones, a esas horas de la mañana se ven niños por todas partes.

La hija  mayor, dentro de que las dos eran pequeñas, le pregunta a la madre, “mamá contéstame, pero dime la verdad”.

La hija sabía que las madres algunas veces no dice la verdad, las madres no dicen la verdad, las madres se guardan la verdad para ellas, las niñas todavía no tienen edad para comprender y es mejor, decir la verdad a medias, o por lo menos no decir esa verdad que pueda herir o que los niños no entenderían, para protegerlos,  que creemos nosotros que no comprenderían, quizás menospreciamos su compresión, no queremos que pasen un mal rato, o a los padres no les apetece que los niños sepan determinadas cosas . Será un compendio de todas esas posibilidades.

A veces nos cuesta ponernos en el lugar de los niños, nos hemos acostumbrado a pensar como adultos y ya no sabemos ser niños, que mejor nos iría a veces.

Esas cinco letras me han estado rondando por la cabeza, todos los adultos hemos sido niños, hemos pensado como niños y con los años sin querer nos hemos hecho mayores, algunos más que otros, pero mentir, mentiras piadosas que se decía, a los niños se les mentía, y se le decía: “eso es de mayores”, y ahora decimos nosotros eso es de niños, como van cambiando los tiempos, ya Jesús dijo: “Dejar que los niños se acerquen a mí, porque de ellos será el reino de los cielos”.

Los niños dicen la verdad, no saben mentir, por eso hay que decirle lo necesario para que no nos metan en apuros. Los niños son naturales, espontáneos, son directos, no se esconden. Se ríen cuando tienen   que reír y lloran cuando tiene que llorar. Dicen que cuando vamos cumpliendo años, nos vamos haciendo niños, la vida es un recorrido a la inversa,  se ha hecho la ida y ahora queda la vuelta.

Cuando eres niño, siempre quieres ser mayor, nunca consideras que eres lo suficiente mayor. Y llega un día, sin saber que ya no quieres cumplir más años. Ya te has hecho mayor y en ese momento es cuando la vida empieza a correr más deprisa.

Por eso hay un refrán, que dice: “Vísteme despacio que tengo prisa”, vivir despacio, sin prisas, esas prisas son las que nos consumen el tiempo, cuando más despacio vivas más tiempo tienes. Curiosa palabra el tiempo, todo pasa en el tiempo, sin tiempo no habría vida y nada, vivimos en el espacio tiempo. Sin tiempo todos los actos sucederían a la vez. Sería algo incompresible, no lo entenderíamos. Este es el tiempo que nos ha tocado vivir, es lo que hay.



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