Yoga #1

Ayer di mi primera clase de yoga después de catorce meses, ¿y por qué tanto tiempo?, eso quisiera saber yo. Cuando lo dejé, fue en agosto del año pasado, con el propósito de volver después del verano, cuando aflojara un poco el calor, o eso creía yo, esa fue mi primera intención, el tiempo ya se tomó un respiro más grande.

¿El motivo? Lo desconozco, quizás fue un poco de desmotivación, desilusión había días que tenía que obligar a la gente a que asistieran y eso no me gusta, en cambio otros estaba la clase llena, era como una noria y se ve que mis ánimos también, no porque pensara que era una pérdida de tiempo, por tener tan pocos alumnos para dar la clase que en el fondo eso me daba igual, o eso creía, pensaba y lo sigo pensando que con que viniera uno me daba por satisfecho.

Pero hay momentos que también hace falta que el que imparte la clase esté con ganas de transmitir esas buenas sensaciones, contagiar el espíritu del yoga, que tenga esa ilusión por hacerles participe de todo lo que el yoga me ha dado y como me siento de bien cuando lo práctico.

La pereza también se apoderó de mí, como que lo fuí dejando y dejando, posponiéndolo sin fecha, más adelante, la semana que viene, el mes que viene y así, un sin parar

También creía que yo debía de dar clases con alguien para compartir mis inquietudes y mis temores, este invierno he asistido a algunas clases de yoga que me ha servido para coger fuerzas y para ver otra realidad distinta a la mía y a mi propia experiencia. En el fondo a todos los que amamos el yoga nos une esa forma de vida, tenemos la misma filosofía

Lo importante, ante la insistencia de algunos alumnos me decidí a empezar a impartir las clases después del verano, ya se lo había comentado a algunos, pero de alguna forma lo seguía posponiendo y el día 4 de octubre ya no tenía más excusas para no darla, era como una responsabilidad moral, un compromiso.

Hay momentos que las fuerzas te abandonan y eso era lo que me pasaba, no sabía el porqué, pero así era. Si me puse a dar la clase fue un poco por vergüenza.

Y como ya no tenía excusas y encima parece que tenía fuerzas, una semana antes lo comuniqué, para que se apuntaran en una lista los interesados. Cuando por la mañana pregunto al responsable de la lista me dice que se habían apuntado nueve. Luego asisten ocho, genial buen número.

Por la tarde, leo un poco de literatura de yoga, para motivarme y hablarles algo de yoga, que al principio siempre me gusta dedicarles unas palabras y darles una pequeña explicación de la clase. Y como quedaban pocos o solo dos de los que ya les había dado anteriormente, empiezo prácticamente de cero, les digo; en que consiste el yoga, que es más que unos estiramientos o que una gimnasia que para mí es eso y más, una filosofía de vida una forma de entenderla, que tiene muchas ramas, que los asanas, y el yoga físico son lo que más conocemos pero que hay un muchas ramas que conforman el árbol del yoga y les intento inculcar lo que yo siento y el cambio que se puede experimentar con el yoga.

Practicamos unas respiraciones, unos asanas, una relajación consciente y profunda y un poco de meditación con la recitación de un mantra. Todo muy despacito y explicándole en cada momento lo que estamos haciendo, por lo que me trasmiten parece ser que les ha gustado, yo por lo menos intento hacerlo lo mejor que sé.

Creo, que yo tenía más ganas que ellos de dar la clase y que me ha venido mejor, eso que cuando terminas estas con una paz de saber que has hecho las cosas bien. A los alumnos creo que también les ha gustado y también les ha venido bien y con eso me siento satisfecho, ya hemos quedado para la siguiente y espero poder transmitirles paz, tranquilidad y equilibrio en mis clases. Esto es como todo a unos les viene bien, a otros regular y otros no se sienten cómodos en las clases o simplemente no les gusta.

Entender que el yoga es más y nos puede cambiar es lo que intento transmitir, pero eso lo tienen que ir sintiendo poco a poco, a mi desde luego me ha ido muy bien y quiero que a ellos también les sirva en su día a día.

El yoga no es la solución a los grandes problemas que nos pasan, porque los problemas están ahí y nos van a seguir pasando, pero sí, cuando practicas asiduamente, sabes valorar la gravedad y lo poco importantes que son a veces esos por los que más nos preocupamos, esa mente de momo saltando de rama en rama, con el yoga y sobre todo con la meditación tenemos esa herramienta para pausar un poco nuestra mente, aparcarlo y dejar correr el problema.

No sé, durante cuánto tiempo voy a estar dando clases, de momento de aquí a la eternidad, cuando no tenga nada que transmitir y mis fuerzas se me agoten volveré a otro tema, pero de momento estoy muy ilusionado y también claro por la respuesta y lo contentos que veo a mis alumnos.

Namaste.

Autor: Goyo Galache

Un soñador, qué vive para ser feliz y ahora le ha dado por publicar sus cosas sobre la vida y pensamientos.

6 comentarios en “Yoga #1”

  1. Jo que pena! Me Encantaría dar clase contigo, lastima estar tan lejos. No creo que haya nadie con más entusiasmo y dedicacion . Me debes una 😘

    1. A mi Moni…me encantaría, intento contagiar esa armonía o bien estar que me proporcina a mi el yoga, de todas forma cuando coincidamos de enseñaré por lo menos algunas formas de relajación y de respiraciones q te sirvan para la vida …🙏

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