Suicidios

              Por esas cosas de la vida y sin querer ni proponérmelo, estoy leyendo dos libros sobre suicidios, no es que tenga yo una idea romántica de él, ni estoy paranoico, ni me atrae de ninguna de las maneras, en alguna ocasión ya he escrito algo del suicidio, pero solo desde la perspectiva de la muerte como paso a otra vida, o a otro estado o a lo que sea donde vayamos, si es que vamos algún sitio, a pesar que, solo por la desolación de los que dejamos atrás, es impensable. Si es pensable en cambio para la gente que esa muy mal y que solo ve o cree en eso como solución.

              El primer libro. “Lo que no tiene nombre” de Piedad Bonnett, escritora Colombiana, nos cuenta la muerte de su hijo Daniel, nos lo narra desde el amor de una madre y el sufrimiento por la enfermedad mental de un hijo, como se va separando de la vida, como la enfermedad mental le hace ver la realidad de otra forma distinta al resto, la transformación de un niño sensible  en un adulto extraño que mira con otros ojos, con la mirada de un persona que la vida le dice cosas y sufre mucho, sin entender, no es posible ponerse en el lugar de una madre, y del hijo que el sufrimiento es tal que  la única forma de liberarse es morir.

              El segundo libro. “Los bosques de Upsula” de Álvaro Colomer, en este caso el instinto suicida está en los genes, lo lleva dentro, es algo de la persona, del que  no se puede sustraer, es  su propio destino, la vida no tiene sentido, no hay nada por lo que vivir. En ese caso el suicidio es la única opción, sin embargo, no compartida en un principio por el otro protagonista de la historia, hasta que al final lo termina entendiendo. Entender el suicidio, es complicado, diría imposible, cuando estamos bien, cuando nuestro  instinto de supervivencia, de vivir es el más fuerte que la propia vida, vivir es lo primero, lo demás viene después.

              Otra forma de entender el suicidio, es por honor como los samuráis, cuando se hacían el harakiri, se rajaban el vientre, con una muerte dolorosa, para evitar la deshonra.

              En la Europa Vikinga había un bosque  que los ancianos, cuando habían dejado de ser útiles a la comunidad, se apartaban y se colgaban de los arboles, en el  bosque de Upsula, era una forma de entender que la tribu era más importante que la persona y que la supervivencia del grupo, estaba por encima del individuo. Quitarse de en medio, cuando se suponían que eras un estorbo.

              Visto desde estas dos formas, el suicidio si está investido de solemnidad, se realiza por un bien mayor a la perdida de una vida., por otra parte el honor propio y la honra, valen más que la propia vida. El suicido en la era vikinga era cuestión de supervivencia del grupo, de un mal menor.

              En el caso de los dos libros, el suicidio es el final de un sufrimiento insuperable, o así lo veo yo, como la única salida a los ojos de los suicida, el pobre Daniel por una enfermedad metal omnipresente en su vida y en la segunda por una distorsión mental, génica, determinista que  avoca al suicidio irremediablemente, hay voluntad por encima de todo de terminar con la vida. Las consecuencias de este hecho, sus autores  no están en disposición de poder valorarlas, si no, no lo harían, no me cabe duda, la mente enferma, fuera de control, en agonía permanente de vida, no puede valorar, solo hay desesperación.  Buscar un fin, terminar con el sufrimiento.

              La forma de morir también es un añadido, espeluznante, toca fibra sensible, creo que nadie quieren que le vean muerto, espachurrado contra el suelo, esparcido en trozos o destrozado por el impacto, o con los sesos esparramados, por eso  me parece que los suicidios de las mujeres son más sutiles, menos desagradables dentro de los que es,  en fin, la muerte es fea, y una vez muerto qué más da, pero hasta de eso se preocupa el suicida, de quedar bien, de tener buena presencia, que te vean muerto pero arregladito.

              Por eso en los funerales, en los tanatorios los visten con sus mejores galas y los arreglan, como si eso importara, me parece que sí importa, morir con dignidad es un derecho.

              Igual que celebramos la vida tenemos que celebrar la muerte.

              Y se murió…