Las cosas, bueno, no sé…

“Las cosas”, “bueno” y “no sé…” son  muletillas que utilizo mucho en mi vida. En los quehaceres de mi comunicación con el mundo exterior, en mi forma de relacionarme, son protectores de mi interior, es eso que me da el margen suficiente para reflexionar.

“Las cosas”, es eso genérico que me sirve, más cuando escribo, que cuando hablo, para referirme a un todo, o a casi todo, a lo que  tiene  nombre y a lo no, que sirve para determinar la abstracción del objeto, eso indeterminado, sin género, que también puede ser atributos generales. Creo que es la palabra que más utilizo cuando escribo, y soy consciente de ello y me gusta utilizarla, hay una atracción, una necesidad de escribirla y sentir como suena al pronunciarla.

“Bueno”, esta palabra la utilizo más al hablar,  me sirve para reflexionar, recapacitar, e intentar saber de qué estoy hablando, si voy por el camino correcto o me estoy perdiendo, es un alto en el camino, mejor, un ceda el paso. A veces hablamos y hablamos, y damos vueltas sobre el mismo tema, esa pequeña parada nos sirve para coger aire. Al escribir, también concretamos, finalizamos o le podemos dar otro enfoque.

“No sé…” estas dos palabras tienen magia, me encantan,  lo decía Sócrates: “Solo sé que no sé nada”, ¿sabemos algo que mañana será otra cosa? Cuanto más sabes, más descubres tu propia ignorancia. Es esa duda constante hacía la vida y hacía todo, ese movimiento incesante del tiempo, ese no saber, tener dudas, no estar seguro…

Se me olvidaba, “en fin”, también me gusta, es cómo un resumen, una concreción de lo que estamos escribiendo.

Los tres puntos seguidos (…) son como ese respiro que dejamos en las conversaciones orales y en las escritas nos proporciona la posibilidad de dejar a nuestro interlocutor con la necesidad de imaginar ese futuro incierto, lo que le queremos decir o insinuar.

Conocemos a la gente por lo que dicen y por lo que no dicen, sus palabras comodín, esas que repetimos, que se nos pegan de otros cuando las escuchamos y no sabemos que las repetimos hasta que no nos lo dicen, y cuando nos damos cuenta, somos conscientes de esa repetición y las seguimos utilizando. Cuando, intento prestar atención a una conversación, no quiere decir que no la preste habitualmente, solo digo, que me concreto más en las palabras dichas, que en lo que realmente dice mi interlocutor. Hay gente que repite esas palabras mágicas que le identifican, por lo menos, para mí. ¿Por qué fijaré mi atención en esas cosas? Al final, voy a pensar que soy raro, de verdad, jajaja…

Volviendo al tema, ser consciente de lo que decimos, es importante, las palabras que expresamos somos nosotros, en extensión, medirlas y hablar con corrección y sabiendo lo que decimos, hablar por hablar es fácil, lo verdaderamente importante es hablar cuando tenemos algo que decir. Esforzarnos en ser concisos y claros, dicen que la fuerza se va por la boca, será…

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