Diario del coronavirus XXIV

No sabía cómo volver al diario, lo tenía olvidado en el baúl de los sueños perdidos, no tenía necesidad de escribir nada, no hacía falta, no tenía ganas.

 Sin embargo, quería contaros algo sobre la pandemia y el dichoso coronavirus pero me he quedado sin palabras, no me vienen, se las ha llevado todas el virus. Nos ha cambiado la vida, la forma de ser, de relacionarnos y diría hasta hemos dejado de ser la misma persona que éramos, me miro y ya no me veo, veo a otra persona con más miedos y temores a todo. Las perspectivas de mejorar están ahí, pero siguen sin llegar, ante un pequeño respiro, vuelve una ola en forma de tsunami y nos arrastra al infinito y más allá.

Quiero mirar la vida con los ojos abiertos y saber que después de la tempestad viene la calma, que no hay mal que cien años dure, ni cuerpo que lo resista, ni cristiano que lo aguante y esto pasará, como ha habido tiempos peores, mucho peores y hemos sobrevivido. Esto es un cambio en las relaciones, en la forma de comportarnos con los demás, quitando por supuesto la enfermedad y aquellos que lo están pasando mal y muy mal.

Quiero abrir los ojos y ver que hay detrás de la pandemia, que factura nos pasará, cuánto tiempo tardaremos en estar como estábamos, seremos los mismos o ya no volveremos a ser los de antes. Cuantos interrogantes sin respuestas, en estos tiempos de crisis, son momentos para repasar nuestra vida, darle una vuelta, ver cómo vivimos, si queremos vivir así, si estamos contentos con la vida que llevamos y la pregunta es más profunda, nos dejamos llevar por la vida y sus circunstancias, como decía Ortega y Gasset, “yo soy yo y mis circunstancias”, y nunca mejor dicho, la vida va pasando y nos dejamos ir, por todo lo que envuelve a la vida, y en esos momento de parón, de pensar, de retroceder, nos sirve tomar consciencia, reflexionar y seguir.

Acabo de salir a tirar la basura, hacía una tarde noche primaveral, sentía el calor y el atardecer en el ambiente, esa sensación que te llena de vida, que lo llena todo, esa sensación agradable que te envuelve, y a pesar de todo no tenía ganas de salir, el hecho de ir a tirar la basura en  principio me ha supuesto un esfuerzo, me he acostumbrado a estar en casa,  en nuestro feudo, nuestro territorio y todo lo que es estar fuera, no pertenece a ti, es territorio hostil.

Cavilando, me ha hecho que pensar hoy es viernes, el día de salir con los amigos a tomar unas cervezas y sobre todo echar unas risas, que tiempos esos, los añoro, pero tampoco tengo esa necesidad, es como que ya pertenecen a otro tiempo, ese desdoblamiento espacio tiempo, nos está pasando factura, no saber si, eso era real o era un sueño, perdón, que me estoy perdiendo. Qué lo recuerdo, en  un recuerdo lejano, a pesar que llevamos menos de un año, pronto un año, lo siento mucho más lejano, como en otra vida, o por lo menos cuando la vida era de otra forma. Iba hablaros del diario del coronavirus y me he puesto a filosofar y esas cosas que me gustan y total para no decir nada, que es lo que me pasa, con las cosas de la vida y del querer.

He ido a comprar al supermercado esta mañana, y como llevo tiempo sin salir, iba intranquilo, una sensación rara, extrañaba la mascarilla, cada respiración me la notaba, menos mal que estaba nublado y no tenía que llevar gafas de sol, me agobia un montón que se me empañen, tener que subir y bajar la mascarilla. Ya dentro, me tengo que poner las gafas de ver, que si no compro lo que no debo y la lista quién la ve, sube y baja gafas, la mascarilla no me la puedo tocar, por eso de los virus y por el que dirán. Con cada persona que me cruzaba me miraba y yo a ellos, era una sensación, esa persona me conoce y por eso me mira y yo los miraba también, nos miramos a los ojos, como la canción de Golpes Bajos, “No mires a los ojos de la gente, me dan miedo, siempre mienten, no salgas a la calle cuando hay gente…” Creo que nos miramos más que antes y más a los ojos que es lo que se ve, por saber que hay detrás de la mascarilla que historia esconden, ya no conozco ni a mis vecinos, ni a casi nadie, que despropósito de vida.

Como ya os puse  en otra ocasión la canción de Golpes Bajos, “No mires a los ojos de la gente” que es la que pegaba ahora, pondré, “Fiesta de los maniquíes” en honor a Germán Copinni un genio donde los haya.