Yo no soy ese

Llevo dos días mirándome al espejo y no me reconozco, es como él que esta ahí no soy yo, no sé quién es, pero yo no soy. Puede que sea un impostor que quiere introducirse en mi cuerpo o un alienígena, un lagarto tipo “V”. Todo empezó por un malestar general, era una sensación extraña, no puedo decir que estuviera malo, no, era otra cosa que no sabía interpretar, me encontraba muy lleno, como cuando uno ha comido un montón y no has hecho bien la digestión o no puedes hacerla. Esa noche dormí fatal, tenía frío y calor y todo a la vez y cuando me desperté me volví a mirarme en el espejo y tenía la cara gorda, deformada, el alienígena se había introducido en mí, yo notaba que mi alma se me estaba escapado, pero lo más grave era que no podía hacer nada, me dejaba llevar, esa partida la estaba perdiendo.

Por la mañana nadie se dio cuenta, me miraban y no decían nada; yo ponía cara de asustado y todo seguía igual. Me lave la cara con agua fría para despertar de mi pesadilla, pero seguía sin reconocerme, era yo él que me miraba en el espejo, pero a la vez no era él que estaba dibujado en él. Tenía como las mandíbulas más anchas, la cara más gorda, pero era la expresión lo que no entendía, lo que me hacia dudar. El espejo parecía esos de la feria que distorsionaba la imagen, como los espejos antiguos que no se ven bien, que hacen como pompas y según la parte que te toque se te ve deformada. Para ser sincero, eso no me alarmó, me lo tomé con naturalidad, pensaba que estaría siendo colonizado por algún ser extraterrestre y lo asumía con naturalidad. Esto le podía ocurrir a cualquiera y hoy me había tocado a mi, no me plantee la posibilidad que fuera para toda la vida, que mi yo interior desapareciera, que otro suplantara mi identidad y tuviera una misión intergaláctica y yo sin enterarme. Cosas de la vida.

También empecé a pensar que pudiera ser un problema relacionado con la vista, me miraba y me veía raro, no puedo decir que borroso del todo, si no como la imagen un poco distorsionada, pero sólo era cuando me miraba al espejo, en mi vida me sentía normal, me reía o hacía como me reía delante de ese ser con vida propia y no me reconocía, esa no era mi sonrisa, yo no me río así. La confusión se apodero de mí, no entendía este proceso que me estaba pasando, empecé a dudar de la realidad, me tocaba con las manos en la cara y sentía su tacto. Pensé, si que soy yo, pero seguía sin saber lo que me estaba ocurriendo.

El proceso de colonización empezó con una gran comida, era como cuando tienes un roto en el estomago y puedes seguir comiendo y comiendo y nunca te sacias pero la barriga empieza a aumentar y aumentar de tamaño y te sientes cada vez más y más pesado y no puedes dejar de comer, porqué tienes que alimentar a la tenia (solitaria), a ese parásito que vive en ti y de vez en cuando te hace comer para él.

La colonización también pudo deberse a esos seres tan diminutos que están por todos los sitios y convivimos con ellos, pero que de vez en cuando se nos manifiestan como eso que llamamos enfermedad y nos dan la lata. Hay tantos tipos de microorganismos, gérmenes, bacterias, virus y demás seres mitológicos que a saber…

Así seguí dos días, ya una mañana me levante y me mire al espejo y empecé a reconocerme, el periodo fue gradual, no puedo decir que fuera instantáneo si no que me costo acostumbrarme a verme normal, la batalla interna la estaba ganando, la verdad que no hice nada por ganarla, solo me acostumbre a verme así, y creo que esa fue mi victoria, esa resistencia pasiva, ese no querer saber lo que me estaba pasando, me imagino que se irían a otro cuerpo más rebelde con más ganas de luchar y establecer batalla.

En la vida nos pasan cosas que no entendemos y queremos buscarle explicaciones a todo y a veces las cosas ocurren y no tienen explicación y qué hacemos, nos amargamos o seguimos viviendo, aceptar nuestra vida, no es sinónimo de resignación, es seguir…

Esta es una historia corta de mutación interna, de transformación interior, de como los cuerpos cambian con la comida, de como nos convertimos en esclavos del comer, de dejarnos hacer, de no parar de comer, de como nos afectan esas comidas tan copiosas, de por qué comemos sin hambre y por obligación o mejor dicho por glotonería, en fin la vida con moderación es buena y las reglas están también para saltárselas, si no, no serían reglas…