Rioja, que no La Rioja, es uno de los muchos pequeños pueblos que habitan en Almería, a 13 kilómetros de la capital, con unos mil seiscientos habitantes, al lado el rio Andarax, mejor la rambla seca y con agua solo cuando llueve, con un puente muy largo que la ronda y, que en otros tiempo cuando la general circulaba por allí, teníamos que esperar, solo pasaba un vehículo, a lo que voy, yo paso mucho con la bicicleta, hay una fuente y eso pesa mucho en su favor, a la vuelta de regreso me paro y lleno el bidón y me como algunos frutos secos y miro su bonito cielo azul.
El pueblo de Rioja, sí tiene algo que ver con la Comunidad Autónoma de La Rioja, después de la reconquista vinieron repobladores y uno de esos era Francisco de Logroño, sería de Logroño, a sus tierras y le puso el nombre “Pago de Rioja” y desde allí hasta aquí.
Es un pueblo simpático, agradable la gente sigue saludando sin conocerte, una gran mayoría de vecinos me dan los buenos días, y eso se agradece. Hoy en concreto se ha sentado un viejecito conmigo en un banco, iba fumando una pava de tabaco, un cigarro pequeño de liar, que lo ha encendido varias veces, se le apagaba, no le prestaba atención, lo llevaba en la comisura de los labios como algo que formaba parte de su cara, llevaba una gorra, pantalón largo holgado, las personas de una edad no se ponen pantalones cortos, eso es de jóvenes, y una camisa de manga larga, era el típico viejo de otro tiempo, como mi abuelo Matías, se parecía. La edad no la sé calcular, estaba castigado, encorvado y hablaba bajo como un susurro continuado me costaba entenderlo y mira que le prestaba atención. Hemos hablado del tiempo, aunque suene a tópico pero cierto, del calor de ayer y del calor de octubre, preguntándonos qué le pasa a octubre y sus calores.
Me encontraba sentado en el banco con el viejo y enfrente he visto una escultura rara, era un falo grande blanco, paso por donde estaba la escultura todas las semanas, mínimo dos veces sino cuatro, porque lo puede ver a la ida y a la vuelta, me quedo extrañado de lo poco que nos fijamos en lo que tenemos delante de los ojos, solo vemos lo que queremos ver, me levanto me acerco a observar la figura, que es la foto que precede al escrito, en la parte de abajo, hay una cartel que pone: “IDOLO NEOLITICO ANTROPOMORFO, hallado por Mariano, Sánchez Abad en el año 1962 en el cerro de la Chinchilla. Rioja. Almería. XI Día de Comarca, año 2024”.
Mi primera pregunta: ¿Qué es un ídolo antropomorfo? Según la IA es una figura u objeto de culto religioso o espiritual que tiene forma o apariencia humana, en el caso que nos ocupa, “antropo”, humano; “morfo”, forma.
Parece ser que no es un falo, sino una figura geométrica, ídolo antropomorfo esquematizado, que dividen la piedra en tres partes para sugerir de forma muy abstracta la cabeza, el tronco y las extremidades, que los Neolíticos representaban a los humanos, a mí desde luego no me lo parece. Lo que se encontró en ese cerro fue una pequeña pieza de alabastro pulido de 7,4 centímetros de longitud, un símbolo pequeño que podía ser un amuleto de protección o símbolo de fertilidad, al poner la escultura de un metro de altura ha dado para muchos comentarios la mayoría de las personas percibieran el monumento como una escultura fálica bautizado en el pueblo como «el cipote» o el «monolito del pene”.
Para mí ha pasado totalmente desapercibido a nivel de noticia local en el 2024, como por su forma al pasar por su lado y llamarme la atención, a partir de hoy me fijare más en las esculturas que me voy cruzando.

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