He pasado por una calle, que estaban colocando las luces y los cacharritos de la feria de un barrio de mi ciudad, Almería, en mi ciudad hay muchos barrios, o eso me lo parece a mí, serán más de veinte, que son muchos y están distribuidos por la ciudad y cada uno tiene sus peculiaridades y características propias que lo define con un barrio distinto y único a los demás. En muy poco tiempo he visto en dos barrios cercanos a mi casa, estar en fiestas, y las hacen por todo la grande, con sus luces diciendo que estamos de feria, sus cacharritos, tómbolas, chiringuitos y música y luces de colores a todo meter.
La feria, es una llamada a la fiesta, a olvidar los problemas de la vida diaria e introducirte en el mundo mágico de la feria, donde todo puede pasar, te puedes meter en el tren de la bruja y desaparecer para siempre, de niño me creía, que el túnel del tren de la bruja era eterno que no tenía fin, que una vez dentro era imposible salir o que solo salían algunos dependiendo de su valentía, la bruja era mala y nos quería castigar a los niños, no entendía que fuera una atracción de feria, me creía que era real.
Los niños la viven con mucha intensidad desde llantos, los más pequeños, cuando sus padres se empeñan en montarlos en el tío vivo y el niño llorando como una madalena por no querer y de tanto montar el niño, ya sí le gusta y ahora son los padres lo que no le quieren montar, que con una vez vale, que cuesta mucho dinero.
Los chiringuitos con sus tapas y bebidas variadas, momento de encuentro de la gente del barrio que lleva tiempo sin verse y es un espacio de recordar ese pasado.
A mí personalmente me gusta la feria, tiene un componente de diversión, solo con escuchar la música y los cacharritos, ¡me llama! Me traslada a mi infancia, a la ola, al tren de la bruja, al ruido; la feria siempre la recuerdo de noche, que es más confusa y extraña, vemos menos y nos las creemos más. La feria es fantasía, no es real, tiene vida propia, cuando la ves por la mañana apagada, es otra no tiene nada que ver con el bullicio de la noche. Solo son máquinas e hierros componiendo estructuras raras que no dicen nada, están muertas y resucitan por la noche.
Los feriantes es una profesión extraña, trabajan solo los periodos de fiesta y se van repartiendo los pueblos para ir de año en año, ¿y el otro resto del año? ¿Qué hacen, tendrán que trabajar en otras cosas, o con ese dinero ya les da para vivir? Siempre me lo he preguntado, que vida tan rara la de los feriantes; un poco tunantes. También se pueden montar todas las veces que quieran en los coches de coche, esa era un ventaja, a mi me gustaba mucho, nos hacía creer que ya éramos mayores y que sabíamos conducir, y eso de chocar a las chicas guapas, también molaba, pero cuando alguien te cogía manía, y su obsesión era ir a por ti, malamente, te arruinaba la fiesta, todo tú deseo era esquivar al niño malo que quería mi destrucción, dejarme en mal lugar, que haberlos, haylos…
Otra de las dificultades de este trabajo, es montar y desmontar continuamente, te pasas medio vida montando cacharritos y otra media desmontándolos, como un mecano, que no tienen fin, que el fin se encuentra en tus vacaciones cuando ya no tienes que estar montando, ni trabajando.
Y qué me dices de las verbenas de la noche, esos conjuntos pachangueros, me meten mucha marcha, fiesta y alegría, que nos gusta bailar, que nos hacemos, el Tony Madero de la noche, que hacemos el trenecillo y bailamos las canciones de muchos veranos pasados, que decir, que me encanta.
Y por último, el fin de fiesta que tienen sus cohetes y fuegos artificiales, nos les falta de nada. Ya podrían ser menos ruidosas por el bien de todos que vamos evolucionando.
¡Viva la feria!
