Vaya día que nos regalo Carlitos, que forma de jugar al tenis, que forma de sobreponerse a la adversidad, vaya remontada, que chico y hombre a la vez, que orgullo de persona. Lo que paso ayer en la pista central del Roland Garros no tiene nombre, es una gesta de las de antaño, esa que hacían los héroes por el mero hecho de querer ser héroes, ya no hay héroes al estilo medieval, que se ganaban los galones por hechos de guerra, por guerrear y hacer cosas que no eran normales, hoy se ganan los galones en batallas deportivas y Carlitos, como le gustan que le llamen, ha conseguido ganar en una batalla épica, se ha ganado los galones de héroe de los de verdad.
Se estaba jugando la final de Roland Garros, contra el número uno del mundo el italiano J. Sinner y las cosas del partido iban mal, empezó a perder no encontraba su golpe de raqueta, no se sentía cómodo en la pista, perdió los dos primeros set, y había que afrontar el tercero y decisivo y la tortilla dio la vuelta y los gano Carlitos, el cuarto se le complico hubo tie-break, empataron a seis y Sinner tuvo varias bolas para ganar el partido y volvió a ganar Carlitos, la épica ya estaba en marcha, había remontado dos set en una final, eso ya de por sí era una proeza. El quinto set y definitivo empezó bien, empezó ganado y Carlitos tenía un juego sacando para ganar el partido, pero la dicha no puede ser completa, y lo perdió, tuvieron que ir al tie-break y gano Carlitos.
Por favor que alegría, que fuerza física tan imponerte, que fortaleza mental, no sé si se hizo justicia, el otro contrincante también jugó de forma increíble, los dos hicieron un tenis celestial, de otra galaxia, que valores de respeto y competividad, muy correctos en su forma de jugar y de expresarse en el campo, con una deportividad encomiable.
En estos casos gana el deporte en grado sumo, el deporte como superación, como espejo en donde mirarnos, eso logros no se consiguen por lo guapo que eres, se necesita mucha preparación, entreno y muchas horas de raqueta, sacrificando la otra vida, tanto la familiar como la de fiesta, en fin, todo merece la pena por ese momento de gloria, por hacer historia y porque no lo puede hacer de otra manera.
La madre de Carlitos era un poema, que forma de sufrir las madres por sus hijos en todos los momentos de la vida, los buenos y los malos, una madre no deja de preocuparse nunca por un hijo, y en el caso de ayer cinco horas y media de desesperación, que le vamos a hacer así es la vida y así se la estoy contando. Por lo menos hubo un final feliz, claro, que no siempre ocurre, la vida nos da muchas sorpresas.
